Category Archives: Temas Sobresalientes

Biblioteca 21 de Abril: experiencias colectivas junto a niños y jóvenes del sertón cearense, Brasil

Introducción

“Un país se hace con hombres y libros”
Monteiro Lobato

La educación en el campo envuelve una variedad de identidades, culturas y creencias, ya que su significado está relacionado con la tierra, el trabajo, las relaciones instauradas entre sí y con las dinámicas establecidas con la cultura letrada.

El campo es mucho más que un perímetro no urbano. Es un lugar de posibilidades que dinamiza las relaciones de los seres humanos con la propia producción de las condiciones de la vida social y con los logros de la sociedad humana (Brasil, 2001).

El dinamismo social contemporáneo intensificó y amplió la circulación de la cultura escrita tanto en el medio urbano como entre la población del campo, donde las relaciones con la escritura se dan en diversos niveles y la lectura pasa por múltiples formas, como sucede en los espacios bibliotecarios (Manke, 2013).

La biblioteca es un ambiente de socialización, interacción, mediación y un espacio democrático de convivencia. Las bibliotecas comunitarias tienen el papel de innovar socialmente en el contexto comunicativo e informativo, como recurso extensivo para las acciones de la ciudadanía y para la transformación de realidades locales (Cavalcante; Feitosa, 2011).

En los últimos años, han sido muchas las iniciativas populares para crear bibliotecas comunitarias en Brasil. Empíricamente, acciones individuales y grupales se van constituyendo, enfrentando las dificultades surgidas en el día a día, por la falta de acceso a la información y a la lectura. De cierta forma, es compartiendo las dificultades enfrentadas que los habitantes de comunidades, carentes de políticas informativas y del papel del Estado, se unen para potenciar recursos, cultura, talentos, creatividad y fuerza política para lograr el poder comunitario.

La experiencia tiene como objetivo describir las prácticas colectivas, culturales y de lectura junto a los niños de la Asociación de jóvenes de Irajá – AJIR/Biblioteca 21 de Abril, distrito de Hidrolândia/CE, con base en los círculos de cultura de Paulo Freire.

Los círculos de cultura promueven la horizontalidad en la relación educador – educando y la valorización de la expresión oral, así como de las culturas locales y pueden ser didácticamente estructurados en situaciones tales como: la investigación del universo del vocabulario, del cual son extraídas las palabras generadoras, la tematización y la problematización (Freire, 2003).

La elección del círculo de cultura tiene por objetivo la vivencia participativa de los niños y jóvenes de la AJIR/Biblioteca 21 de Abril, con énfasis en el diálogo, en la reflexión sobre la realidad en que se vive, y con la interrelación entre los lenguajes, mostrando las problemáticas que serán discutidas por el grupo, motivando el debate y construyendo una serie de significados. El círculo de cultura es un campo productivo para la reflexión-acción en la elaboración colectiva de una propuesta sistematizada para una educación de salud emancipatoria (Brandao, 2011).

Este estudio se desarrolla de acuerdo a la Resolución nº 466/12, del Consejo Nacional de Salud (Brasil, 2012). El proyecto fue revisado por el Comité de Ética en Investigación de la Universidade Estadual do Ceará – UECE. Es un proyecto sombrilla, o sea, forma parte de un proyecto de mayor extensión e investigación titulado “Uso da web-rádio na formação e no cuidado em saúde: experimentando estratégias de comunicação e educação em saúde com as juventudes” (Uso de la web-radio en la formación y en el cuidado de la salud: Experimentando estrategias de comunicación y conocimientos sobre la salud con los jóvenes) con el siguiente CAAE: 58455116.50000.5534. El acercamiento a los participantes se dio de la siguiente manera: fueron hechas las debidas presentaciones entre los encuestadores y los encuestados, aclarándose los objetivos y propósitos de la investigación.

Por tratarse de la participación de menores de edad, el Término de Consentimiento Libre y Esclarecido– TALE (siglas en portugués) fue explicado a los participantes del estudio. Una vez aclarados los términos, ellos fueron consultados sobre la posibilidad de participar en dicho estudio y también sobre la autorización para la exposición de fotos y conversaciones. Antes de esa etapa se explicó el Término de Consentimiento Libre y Esclarecido – TCLE a los padres de los niños u otro representante legal. Mediante la respuesta positiva de los responsables y de los jóvenes, se iniciaron las actividades.

El desarrollo del proyecto es descrito en dos tópicos: El camino de la experiencia – cómo todo comenzó: de Irajá para el mundo; adquiriendo conocimientos de lectura y cultura junto a los niños de la Biblioteca 21 de Abril por medio de la aprehensión de lo real.

Niñez bajo asedio: procesos de caducidad social en El Salvador

Mientras es más sencillo establecer la utilidad de una cosa, más complicado resulta precisar para qué sirve un ser humano. Para qué sirven los hombres o las mujeres, para qué los niños. ¿Para qué sirven los niños? Alba Rico (2007) sostiene que un niño responde ante tal interrogante aduciendo que sirven para ser cuidados. Servirían para existir y con ello constatar que existen cuerpos concretos que deben ser protegidos; cuerpos en proceso que requieren tiempo para desarrollarse; cuerpos frágiles que recuerdan cómo se siente –en cuerpo propio– la alegría o la desgracia ajena; cuerpos que aprenden y que enseñan a prestar atención a la magia de lo simple y lo cotidiano; cuerpos que resguardan y reclaman la memoria al mantener vivo el milenario amor del cuidado doméstico. Los niños servirían, en suma, para anticipar la eventual e inevitable ausencia del adulto, el cual debe interesarse por transformar a través de la política el mundo hostil que quedará acechando a los niños y las niñas (y a sus cuerpos).

Podríamos decir entonces que, como contrapartida, si un niño o una niña sufre negligencia y abandono; si su cuerpo es maltratado o se le arrebata la vida; si su existencia se ve sometida a demandas impropias para su edad y sus capacidades; si su sufrimiento o su alegría suscitan indiferencia en los adultos; si no contagian su asombro ante la mar o la poderosa hormiga que carga una hoja; si dejan de ser acunados de noche y alimentados de día; y, por último, si no movilizan a los adultos –mientras éstos pueden, mientras viven– a la construcción de unas reglas y un entramado institucional que los resguarden de los peligros de la naturaleza como de otros adultos y de otros niños peligrosos, entonces cabe decir que los niños pierden su funcionalidad. En una palabra, la vida de un niño o su “esencia” –su niñez–, caducan.

Mucho de estas condiciones inversas y perversas de agotamiento de la eficacia existencial de la niñez son identificables actualmente en El Salvador. Para Dada (2013), debido a la magnitud de la violencia que acontece en el país, El Salvador figurativamente emularía la angustiosa pintura del español Francisco de Goya y Lucientes, “Saturno devorando a un hijo”: el país más pequeño de Centroamérica constituiría de esta manera un monstruo –hambriento, insaciable, infanticida y demente– que engulle sin cesar a sus hijos e hijas. No es una metáfora grandilocuente en un país donde el 53.6% de su población no rebasa los 30 años de edad (Dirección General de Estadística y Censos, DIGESTYC, 2017) pero exhibe una tasa de homicidio de vértigo de 327.2 asesinatos por cada 100 mil habitantes para hombres con edades entre los 15 y los 29 años (Fundación Guillermo Manuel Ungo, FUNDAUNGO, 2016). La brutalidad y la desproporción epidémica que alcanza la violencia y la criminalidad llevan a que hoy el país sea considerado como el más peligroso del planeta careciendo de una guerra formal declarada (Mc Evoy; Hideg, 2017). Sin embargo, constituiría una visión apresurada considerar que la violencia es el único peligro que enfrenta la niñez salvadoreña.

Save the Children (2017), en su más reciente informe sobre las condiciones de vida de la niñez en el mundo, sitúa a El Salvador  en la categoría de “muchos niños y niñas se están perdiendo su niñez”. De esta manera el país se ve asignado a la penúltima categoría de la clasificación hecha por la organización internacional y se posiciona en el lugar 126 de 172 países analizados. Esta deplorable ubicación se explica en buena medida, como refrenda vergonzosa de los altos niveles de violencia, porque la tasa de homicidio infantil se clasifica como “muy alta” (22.4/100,000 habitantes entre 0 y 19 años) y sitúa al país en el tercer lugar en muertes violentas infantiles a nivel mundial. Empero, otros indicadores, algunos de “bajo” nivel (e.g., mortalidad infantil) pero sobre todo los de nivel “moderado” como la proporción de matrimonios infantiles (21% de niñas y adolescentes entre 15 y 19 años) y la tasa de maternidad infantil (64.9/1000 partos adolescentes), igualmente intensifican la mencionada pérdida de niñez que acontece en El Salvador. Significa que la violencia que sufre la niñez no es autónoma. Para alcanzar niveles tan desbordantes requiere el acoplamiento con otros fenómenos y procesos que la instiguen y que igualmente menoscaban el bienestar de la niñez. Así ocurre, por ejemplo, cuando el matrimonio y la maternidad infantil coexisten con condiciones de maltrato y de abuso sexual de las niñas. Esto, a su vez, suele clausurar las posibilidades de ascenso social de las niñas y las jóvenes para confinarlas a condiciones precarias de vida desencadenantes de más violencia y de vulneración de derechos (Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) et al., 2016).

Bajo el presupuesto que la violencia cotidiana en El Salvador tiende a acaparar el análisis académico debido a su desproporción, este escrito tiene por objetivo problematizar y trascender el análisis de la relación entre niñez y violencia en El Salvador. Interesa proponer la existencia de procesos simultáneos de pérdida de niñez, entendiendo esta última categoría como una noción dual referida tanto a un período particular del ciclo vital, como a las niñas y niños concretos en tanto que cuerpos vulnerables. La masividad de dichos procesos, aglutinados bajo la categoría de caducidad social, permitirá reafirmar que, en contextos donde los niños, las niñas y los jóvenes se ven constantemente amenazados con “caducar” debido a la precariedad de sus existencias o la persistente amenaza de la muerte violenta, la excepcionalidad no equivale a excepción y la anomalía debe constituirse en fuente de producción de conocimiento.

Las principales violaciones de derechos de niños y adolescentes en Heliópolis¹ – São Paulo/Brasil

Introducción

Localizada en el distrito de Sacomã, en la Zona Sur de la ciudad de São Paulo (SP) – Brasil, la comunidad de Heliópolis emprende una lucha por la transformación de su situación inicial de favelización, así como por la conquista y garantía de los derechos sociales, desde su ocupación, en 1971, hasta los días actuales. Empezó esa lucha cuando se desplazaron los moradores de sus ocupaciones en las áreas de Vila Prudente y Vergueiro (barrios circundantes) y los reasignaron a un alojamiento provisional en el terreno del Instituto de Administración Financiera de la Providencia y Asistencia Social (IAPAS). Solo se solucionó esa situación transitoria 20 años después, con la conquista de la posesión de tierra y regularización de las viviendas. Actualmente, a través de varias movilizaciones de la comunidad, la infraestructura del barrio Heliópolis ya ha pasado y sigue pasando por grandes modificaciones, como el suministro de electricidad, agua, transporte público, vías pavimentadas, saneamiento básico y servicios socio-asistenciales.

Ubicada en un área de 1 millón de m² en la capital paulista, la zona tiene diversos tipos de viviendas, como chabolas, palafitos, casas de albañilería y edificios de habitación popular, formando una de las más grandes favelas de la Provincia de São Paulo. Con una parcela de un 92% formada por moradores que migraron de la zona Nordeste del país, según datos de IBGE (Instituto Brasileño de Geografía y Estadística), Heliópolis posee un número significativo de familias que viven de la economía informal y son lideradas por mujeres (Soares, 2010).

Señalamos en este artículo las principales violaciones de los derechos de los niños y adolescentes que viven en esa zona. El objetivo del estudio fue comprender de qué forma ellos han sido y siguen siendo afectados por los procesos de exclusión social y violación de los derechos sociales básicos. Enfatizamos como objetivos específicos las violaciones que se refieren al derecho a la salud y a la convivencia comunitaria; buscamos comprender las situaciones más comunes en las que son encaminados a los servicios de la zona y los principales agentes violadores de esos derechos.

Utilizamos como material de apoyo el Estatuto del Niño y del Adolescente (ECA-siglas en portugués) instituido por la Ley 8.069 el 13 de julio de 1990, que reglamenta y detalla los derechos de los niños y de los adolescentes ya previstos por la Constitución Federal de 1988. El ECA comprende al niño y al adolescente como sujetos de derechos y garantiza, por medio de la concepción de protección integral, el soporte esencial para su pleno desarrollo (Brasil, 1990). Esa protección asegurada se traduce en todas las oportunidades y facilidades ofrecidas a fin de facultarles el desarrollo físico, mental, moral, espiritual y social, en condiciones de libertad y de dignidad.

La investigación se centró en dos grandes ejes: derecho a la Vida y a la Salud y derecho a la Libertad, al Respeto y a la Dignidad, considerándose que en estos están presentes los derechos básicos sine qua non los niños y adolescentes difícilmente disfrutarán un desarrollo humano y una convivencia familiar y social adecuados. Se describen en el primer eje los derechos esenciales al mantenimiento de la vida, incluyéndose todos los aspectos referentes a la salud del niño y del adolescente desde su nacimiento (Brasil, 1990). Las principales violaciones de esos derechos están relacionadas con enfermedades, necesidades especiales y muertes causadas por situaciones de precariedad en la atención pre y peri-natal y en el sistema de vacunación; con personas con discapacidad que tienen atención de salud deficiente; con enfermedades debidas a la vivienda y saneamiento básico precarios; con mortalidad y desnutrición infantil; con alcoholismo y drogadicción; con mortalidad infantojuvenil por causas externas; con enfermedades sexualmente transmisibles y SIDA; con embarazo y paternidad precoces; y con mortalidad infantojuvenil por causas externas (sobre todo, homicidios) (Ribas Junior, 2011).

El segundo eje del ECA prevé el derecho a la libertad, a la dignidad y el respeto al niño y al adolescente por considerarlos personas en desarrollo y sujetos de derechos civiles, humanos y sociales garantizados por la Constitución Federal (BRASIL, 1990). Las principales formas de violación de esos derechos son: la atracción de niños y adolescentes para actividades ilícitas o impropias; la sumisión en instituciones del Sistema de Garantía de los Derechos del Niño y del Adolescente (SGDCA-siglas en portugués) a prácticas incompatibles con las determinaciones del ECA; el abuso y la explotación sexual; el tráfico de niños y adolescentes; la violencia doméstica; niños y adolescentes autores de actos infractores; y la utilización de niños y adolescentes en la mendicidad (Ribas Junior, 2011).

Adoptamos la Psicología Socio-Histórica como base epistemológica de la investigación para comprender esos aspectos, una vez que propone una concepción de sujeto como ser activo, social e histórico y se utiliza el método dialéctico para la comprensión de la relación del hombre con la sociedad, de forma que esta se reconozca como producción histórica de los hombres que producen su vida material a través del trabajo. Contrariamente a otras perspectivas, para la Psicología Socio-Histórica el fenómeno psicológico no es inherente a la Naturaleza Humana, tampoco antecede al sujeto, sino que refleja la condición social, económica y cultural en la que viven los hombres. De esa forma, el fenómeno psicológico es un fenómeno social, ya que subjetividad y objetividad son instancias intercambiables — son dos aspectos del mismo movimiento que se dirige hacia el proceso en el que el sujeto actúa y modifica la realidad, y esta, a la vez, ofrece las propiedades para su constitución psicológica (Bock, 2001). Tales postulaciones favorecen el análisis de la interacción del hombre con las instituciones sociales y permiten una amplia percepción de fenómenos como la exclusión, la vulnerabilidad social, los movimientos sociales y sus formas de resistencias.

Según Katzman (1999), se deben analizar las situaciones de vulnerabilidad social a partir de la existencia, por parte de los individuos o de las familias, de dispositivos capaces de afrontar determinadas situaciones de riesgo. Así, la vulnerabilidad se refiere a la capacidad de control de las fuerzas que afectan el bienestar de determinado individuo o grupo. No obstante, los aspectos que producen la condición de vulnerabilidad son socialmente construidos y cuando son interiorizados por el individuo generan mucho sufrimiento. Ese sufrimiento, según Sawaia (2001), nace ante las injusticias sociales y se expande más allá de la preocupación por la supervivencia. Es el sufrimiento ético-político que surge a medida que se priva a la persona de su condición humana con la negación de la emoción y de la afectividad.

La comunidad de Heliópolis busca, por medio de sus luchas sociales, minimizar esos impactos, desconstruyendo prejuicios y estereotipos, promoviendo discusiones, realizando proyectos y programas sociales. Sin embargo, a pesar de la consolidación de políticas públicas dirigidas a diferentes áreas sociales, en la comunidad aun no existen políticas efectivas para mejorar las condiciones de vida de los niños y adolescentes que viven allí. Esta investigación no solo visibiliza las situaciones de exclusión social que producen las violaciones de derechos, sino también, los retos que afrontan los profesionales que actúan para garantizarlos.

1 – La elaboración de este artículo contó con la colaboración de Carolina Barbosa Gobetti, Fernanda Hermes da Fonseca, Flávia Puorto de Freitas, Gabriela Schroeder Ribeiro, Juliana Guilherme Leonel y Letícia Lima de Araújo Biscioni.

Violencia y noviazgo en la adolecencia: una revisión de la literatura

Introducción

El fenómeno de la violencia en el noviazgo es todavía poco estudiado en Brasil al compararse con la producción literaria internacional sobre la temática (Minayo; Assis; Njaine, 2011; Cecheto; Oliveira; Njaine; Minayo, 2016). El presente artículo tiene como objetivo analizar la producción científica sobre la violencia en el noviazgo entre adolescentes, en los idiomas portugués y español, en el período que comprende los años 2006 al 2016.

El CDC (Centers for Disease Control and Prevention) de los Estados Unidos apunta que la violencia en el noviazgo entre adolescentes se refiere a: 1) violencia física – ocurre cuando la pareja utiliza la fuerza física contra el otro; 2) sexual – forzar a la pareja a relacionarse íntimamente sin consentimiento; 3) psicológica o emocional – amenazar, insultar y controlar a la pareja. Esto puede ser denominado también como violencia verbal o verbal – emocional; y 4) persecución –referente al asedio sucesivo a la pareja provocando miedo y ansiedad por la presencia indeseada. La vivencia de un noviazgo violento puede desencadenar síntomas como: depresión, ansiedad, abuso de alcohol y drogas, comportamientos antisociales e ideación suicida. Así, es vista como un problema de salud pública que presenta consecuencias a corto y largo plazo para el adolescente en desarrollo (CDC, 2016).

En el panorama nacional, al respecto de los impactos de perpetrar y ser víctima (o aún en ambos casos) de un noviazgo violento, las investigadoras brasileñas Diniz; Alves (2015) resaltan que no se tiene todavía en el país conocimiento sobre las consecuencias a corto, mediano y largo plazo de este tipo de violencia en la adolescencia.

Una investigación pionera indagó sobre la violencia en las relaciones afectivo – sexuales, amoríos o noviazgo, entre adolescentes, en el escenario nacional, en diez capitales brasileñas. Participaron del estudio 3.200 alumnos en el grupo etario de 15 a 19 años, de 104 escuelas públicas y privadas, entre los años 2007 y 2009. La investigación señala que la mayoría de las chicas y de los chicos, 76,6%, simultáneamente perpetran o sufren varios tipos de violencia en la relación, datos que corroboran las investigaciones internacionales. En la violencia verbal, este número aumenta para 96,9 %. En la tipología violencia física 64,1% de los estudiantes, agreden y también son agredidos físicamente por sus parejas (Minayo et al., 2011). En este contexto, la violencia en el noviazgo entre adolescentes es considerada una forma de violencia de género, pues “envuelve relaciones de dominación/subordinación determinadas por la construcción histórica y social de la masculinidad y femineidad hegemónicas” (Brancaglioni; Fonseca, 2016, p. 953).

La Organización Mundial de la Salud (OMS) considera que la violencia en el noviazgo entre jóvenes es una forma prematura de la violencia conyugal. Frente a esto, señala que los programas de prevención de la violencia en el noviazgo constituyen una de las evidencias para la prevención de la violencia juvenil. Esas intervenciones contribuyen para el desarrollo de relaciones amorosas más saludables con el uso de estrategias para resolución de conflictos no violentos. Sin embargo, gran parte de estas evidencias son de países desarrollados, como Estados Unidos y Canadá (OMS, 2016).

Es en la adolescencia que las relaciones de amistad y de noviazgo ganan mayor importancia, la familia va cediendo espacio para la construcción de otras relaciones e interacciones. Es en esta fase del ciclo del desarrollo que “el comportamiento de los adolescentes resulta de una interacción compleja entre procesos personales, relacionales, transgeneracionales y sociales” (Diniz; Alves, 2015, p. 39). De esta manera, frente a la relevancia del tema, se torna significativo conocer las investigaciones realizadas sobre el tema.

Metodología

El presente artículo es una revisión sistemática del conocimiento científico acerca del fenómeno violencia en el noviazgo en la adolescencia, contemplando estudios publicados en los idiomas portugués y español, en periódicos, en las siguientes bases de datos bibliográficas: SciELO, PePSIC, LILACS y Periódicos CAPES.

La revisión sistemática es una investigación con foco en una cuestión definida que tiene por objetivo seleccionar, evaluar y compilar los estudios disponibles acerca de determinado tema. Se trata, así, de estudios secundarios, que encuentran en los estudios primarios (artículos científicos) su fuente de datos (Galvão; Pereira, 2014; Castro, 2001).

La revisión fue realizada a través de la búsqueda electrónica de artículos indexados en las bases anteriormente citadas, a partir de los descriptores previamente seleccionados en el DeCS (Descriptores en Ciencias de la Salud): “violência” y “adolescência”. Fue empleado también el término libre “namoro1 ” no encontrado en el DeCS, pero de extrema relevancia para la investigación. Los descriptores equivalentes utilizados en español fueron “violencia”, “adolescencia” y “noviazgo”. Para optimizar la búsqueda de los artículos, los descriptores acompañaron al término libre, seguido de sólo el término libre. Como complemento de la estrategia de búsqueda fue utilizado el operador booleano “AND”. De esta forma, se presentaron las siguientes combinaciones: “violência and namoro”; “adolescência and namoro”; “namoro” y “violencia and noviazgo”; “adolescencia and noviazgo”; “noviazgo”.

El período definido para la producción de este estudio comprendió las publicaciones entre los años 2006 y 2016, limitándose hasta el día 12 de diciembre de 2016. Los artículos encontrados podían estar bajo la óptica de diferentes abordajes teóricos de la psicología y de cualquier área del conocimiento, como por ejemplo, salud pública, enfermería, educación, entre otras.

Los criterios adoptados para la inclusión fueron: cualquier tipología de violencia ocurrida en el ámbito del noviazgo de adolescentes; violencia en el noviazgo retratada en cualquier área del conocimiento y el público – objeto de la investigación debería comprender el grupo etario entre 10 y 19 años. Los artículos publicados fuera del periodo seleccionado; artículos de revisiones teóricas o análisis documental, además de artículos que no comprendían la edad límite de 19 años, fueron los criterios adoptados para suexclusión .

1 – Palabra del portugués cuyo equivalente en español es noviazgo

Maternidad adolescente en el contexto de las calles

Introducción

Episodios evidentes de violaciones a los derechos humanos, con niños y adolescentes en situación de calle como protagonistas, son escenas comunes en los grandes centros urbanos. El debilitamiento de los vínculos familiares y comunitarios, la protección inadecuada del Estado, la ausencia de la escuela, el trabajo infantil, la relación con las drogas y la violencia, entre otros elementos, convierten a niños y adolescentes en situación de calle en un grupo particularmente susceptible a violaciones estructurales. Consideramos que, a pesar del avance de los debates sobre la garantía de los derechos humanos, venimos presenciando el crecimiento de prácticas punitivas y represivas que inciden especialmente sobre los grupos de la población en situaciones de vulnerabilidad, particularmente en situación de calle (CRC, 2015). En este contexto, un segmento específico enfrenta desafíos aún más complejos e interseccionales. Es el caso de las adolescentes que viven la maternidad en las calles.

Este estudio se vio motivado por una experiencia reciente de las autoras junto a un grupo de jóvenes madres con trayectoria de vida en las calles, en el que tuvimos la oportunidad de escuchar múltiples aspectos de sus trayectorias de vida1. También tuvo una gran influencia una serie de denuncias y recomendaciones relacionadas a la separación de hijos recién nacidos de madres en situación de calle y/o usuarias de crack u otras drogas, realizado por parte del sistema judicial brasileño (CRP/MG, 2015; MS, 2015; DP/RJ, 2015). A pesar de vernos ante un escenario tan extremo, registramos un limitado número de investigaciones dedicadas a la cuestión. La escasa cantidad de estudios que pudieran ofrecer elementos teóricos y subsidiar los análisis de dicha experiencia motivó el presente artículo en el que reunimos y analizamos los principales aspectos de la literatura reciente sobre niños y adolescentes en situación de calle y, más específicamente, sobre el tema del embarazo y de la maternidad en dicho contexto2.

El mapeo de la producción académico científica acerca de las tendencias teóricas y metodológicas relativas al tema en cuestión incorporó artículos, tesis de maestría y de doctorado publicadas en Brasil entre los años 2000 y 2015. Se seleccionaron 116 títulos en total, de los cuales diez abordaban el tema de la maternidad y del embarazo joven y adolescente en situación de calle. En este artículo presentaremos los análisis realizados acerca de este material.

Además, como parte de la propuesta de desarrollar una investigación de exploración sobre el tema, analizamos prácticas recientes dirigidas a adolescentes embarazadas y/o madres en situación de calle. De este modo, esperamos delinear un panorama sobre el tema, potenciar el conocimiento colectivo construido y establecer una base para la construcción de nuevos estudios, abordajes y metodologías de análisis sobre el tema propuesto.

Teorizando sobre la cuestión de la vida en las calles

La pobreza urbana y diferentes factores interligados a la misma, tales como violencia, malos tratos y negligencia en el contexto familiar siguen ocupando un lugar destacado en la lista de los motivos que llevan a los niños y adolescentes a buscar una alternativa de vida en las calles (Ribeiro et al., 2001; Yunes et al., 2001; Paludo; Koller, 2008). Algunos estudios señalan que condiciones socioeconómicas precarias y una multiplicidad de factores relacionados a dichas condiciones conllevan problemas de naturaleza sicosocial, afectando la salud física y mental de los individuos (Couto, 2012). Esos factores inclusive pueden generar que niños y adolescentes se alejen de su familia y de su comunidad, como ya señalaba Winnicott (1996) décadas atrás.

Aunque las relaciones familiares de estos sujetos estén atravesadas por conflictos, vulnerabilidades y dificultades, inclusive en el ámbito sicosocial y afectivo, los vínculos familiares, aunque fragmentados, resisten (Tfouni; Moraes, 2003; Barros et al., 2009). La ida de niños y adolescentes a las calles representa frecuentemente una señal extrema y un pedido de socorro que antes no fue escuchado o efectivamente reconocido. De esta forma, esta acción puede entenderse como la búsqueda de otras posibilidades de vida y, en algunos casos, como una estrategia de autoprotección. Una relación compleja de factores genera procesos graduales de alejamiento, fragilización y ruptura de los vínculos familiares y comunitarios (Rizzini et al., 2003). En estas circunstancias, la circulación, el ir y venir entre la casa, la calle y las instituciones de acogida constituye una de las principales características de vida de los niños y adolescentes en situación de calle (Frangella, 2000; Rizzini; Neumann; Cisneros, 2009). En las calles, alejados de sus familias y de sus comunidades, niños, adolescentes y jóvenes continúan expuestos a toda suerte de violaciones de derechos.

En lo que se refiere a la cuestión del embarazo y de la maternidad en la adolescencia, foco central de este artículo, se destaca que la adolescencia es un momento delicado del ciclo de vida y del desarrollo humano. Es un período en el cual se procesan significativos cambios físicos, biológicos, sicológicos y sociales, fundamentales para la consolidación de la identidad de los sujetos. El embarazo y la maternidad en este período traen consigo profundos impactos sobre esos individuos, aunque, como todo fenómeno complejo, posea causas y consecuencias diversas. En las calles el acceso a los servicios públicos y a las oportunidades de apoyo y de una vida mejor es limitado, lo que hace que esa realidad sea aún más desafiante. En estos casos, el embarazo en la adolescencia se asocia con frecuencia a bajos índices de escolaridad, bajo rendimiento en el mercado de trabajo y a la perpetuación de ciclos intergeneracionales de pobreza, lo que la convierte en una cuestión de gran relevancia desde el punto de vista humano y social.

1 – A lo largo de los últimos dos años hemos desarrollado un trabajo en colaboración con una organización no gubernamental que atiende a niños y adolescentes en situación de calle en la ciudad de Río de Janeiro/RJ y hemos hecho un seguimiento, por medio de charlas y talleres, de grupos de adolescentes y jóvenes embarazadas y/o madres con trayectoria de vida en las calles. El trabajo está siendo analizado y divulgaremos sus resultados oportunamente.
2 – El mapeo de la producción académica científica nacional se realizó en el ámbito del proyecto “Políticas públicas y los desafíos de la implementación – Análisis del caso de la Política de Atención a Niños y Adolescentes en Situación de Calle en Río de Janeiro” (apoyo de FAPERJ, CNE, Ref. N°E-26/201.274/2014).

Riesgo y vulnerabilidad: puntos de convergencia en la producción brasileña sobre juventudes

Introducción

Los estudios sobre juventudes han tomado impulso en la Psicología en las últimas décadas y han convergido con perspectivas presentadas en áreas relacionadas de las Ciencias Humanas y Sociales, en particular, por tratarse de un tema interdisciplinario. Entre los autores nacionales, las discusiones giran en torno a la necesidad de tratar la juventud de manera plural, especialmente considerando la realidad amplia y la diversidad cultural de un país de dimensiones continentales como Brasil. Sin embargo, es común la vinculación del tema juventud con categorías como vulnerabilidad y riesgo, que expresan el direccionamiento de las decisiones sobre el sesgo teórico-metodológico y sobre el público que protagoniza esos estudios.

En una recopilación de las producciones de artículos científicos en la base de datos del Portal CAPES, de 2000 a 2015, a partir de los criterios de inclusión y exclusión, se seleccionaron 17 artículos usando el descriptor conjugado «juventud y vulnerabilidad» y 26 artículos, utilizando «juventud y riesgo». En esas publicaciones, no se incluyeron libros, tesis y disertaciones, lo que haría esos números más expresivos. Esta prevalencia en la combinación de dichos temas revela la mirada más sensible del investigador a segmentos de la población joven sometida a condiciones de vida socialmente vulnerables, al mismo tiempo que plantea una alerta en cuanto a la posibilidad de una tendencia a la naturalización de una asociación directa entre juventud, riesgo y vulnerabilidad, aunque se hable de juventudes (en plural) y se tenga claridad sobre la diversidad de los contextos culturales en que viven los jóvenes pobres del país.

Esta asociación entre juventud y riesgo no es reciente. Abramo (1997) ya señalaba que, aun habiendo un llamamiento social a la valorización de la juventud, los jóvenes eran vistos, a lo largo de las décadas de 1950 a 1990, como parte esencial de los problemas sociales, siendo resaltadas con mayor frecuencia características como rebeldía, peligrosidad y tendencia a la contravención. Damasceno (2001) y Peralva (2007) también alertan sobre las consideraciones de parte de los teóricos en Sociología, que perciben a la juventud como un segmento social caracterizado por las conductas desviadas de un patrón normativo.

Es interesante verificar que, en la construcción de las políticas públicas dirigidas a la juventud en Brasil, en el Projeto Agente Jovem, Projovem, Programa Nacional para o Primeiro Emprego – PNPE y otros (Brasil, 2006), prevalecen como beneficiarios los jóvenes en situación de desventaja social y las acciones tienen subyacente la intención de control social de ese segmento, lo que refleja la idea general de asociación entre juventud pobre y prácticas desviadas. Tal predominancia todavía presente contribuye a la comprensión de la actualidad del uso de las categorías de riesgo y vulnerabilidad en los discursos académicos acerca de la juventud, pero no es suficiente para indicar convergencias, límites y consecuencias de esa utilización.

Consideramos importante la profundización conceptual, incluso con la preocupación de observar atentamente los efectos de lenguaje producidos por el uso banalizado de terminologías genéricas. En ese sentido, buscamos, con este artículo, levantar algunos puntos de convergencia y de distanciamiento entre las categorías «riesgo» y «vulnerabilidad» en los estudios sobre juventudes, no admitiendo como natural esa relación, sino buscando problematizarla, comprendiendo su movimiento histórico. Para ello, hicimos una recopilación bibliográfica de artículos con el fin de sostener una discusión conceptual sobre la categoría juventud en relación con las categorías vulnerabilidad y riesgo y sus efectos sobre las investigaciones y prácticas psicológicas y sociales.

Apuntes sobre los conceptos de juventud

Los enfoques más recientes acerca de la juventud, con los que coincidimos, critican las ideas tradicionales que, a partir de una visión universalizante y desarrollista, atribuyen características comunes a los individuos en las diferentes etapas de la vida. Por el contrario, comprendemos estos términos como construcciones concebidas en función de los parámetros culturales de inserción de los individuos, compartiendo las discusiones que acentúan la pluralidad de vivencias posibles de las personas en cualquier rango de edad, no siendo diferente para los identificados como jóvenes. Además, como hay diferentes formas de considerar a los jóvenes, también hay diferentes maneras de ellos afirmarse como sujetos, incluso en razón de las distintas organizaciones sociales de referencia con las que conviven e interactúan (Castro; Abramovay, 2005).

Si consideramos los documentos legales sobre adolescencia y juventud, vemos que, incluso, estos no presentan definiciones unificadas sobre la época de la vida definida por esos términos. De acuerdo a la Organización Mundial de la Salud (Organización Mundial de la Salud, 2016), adolescente es el individuo que tiene entre 10 y 19 años, mientras que para el Estatuto da Criança e do Adolescente – ECA (Brasil, 1990) los adolescentes tienen entre 12 y 18 años, el mismo grupo de edad adoptado por el Fondo de las Naciones Unidas. El Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (IBGE, 1999), no especifica la adolescencia, pero sitúa la juventud entre los 15 y los 24 años de edad, y el Estatuto da Juventude (Brasil, 2013), hace más extensa esa franja, de 15 a 29 años. De la misma forma, en términos conceptuales se vuelve difícil lograr un significado unívoco sobre quienes son los jóvenes y lo que representa la juventud. Para construir un sentido de juventud que contemple no sólo una mirada biológica, sino también social, histórica, política y cultural (Silva; Ojeda, 2014), se hace necesario también una actitud política que así la conciba.

Silva y Ojeda (2014) comentan que las divisiones entre las edades son arbitrarias y varían en las diversas sociedades, además de constituir objeto de disputa, intereses y manipulaciones. Las diferencias entre las juventudes se presentan también por las diversas condiciones de vida y de interacciones establecidas. Así, la adolescencia y la juventud son construcciones culturales producidas en las prácticas sociales en tiempos históricos determinados, manifestándose de formas diferentes y ni siquiera existiendo como conceptos en algunas culturas. Sin embargo, si se ven a partir de supuestos desarrollistas, acabamos por crear comportamientos prefijados y territorios específicos y limitados para el joven, estableciendo una identidad que lo aprisiona.

En la búsqueda del no aprisionamiento, autoras como Coimbra, Bocco y Nascimento (2005) subvierten el concepto de la adolescencia, escogiendo el concepto de juventud, nacido de la sociología, por no estar sometido completamente a la homogenización capitalista como el término adolescencia. Una década más tarde, tras la promulgación del Estatuto da Juventude (Brasil, 2013) y acompañando la historia de nuestra sociedad, Nascimento y Coimbra (2015) retoman sus ideas y reafirman que el camino de la multiplicidad y de la diferencia pasa por el continuo cuestionamiento de los valores, indicando la necesidad de transvaloración del concepto de juventud, entendido como ya capturado y naturalizado. Subvertir o transvalorar la noción de adolescencia y juventud es una acción política importante en este momento histórico, en que hay tanta insistencia en individualizar e internalizar los problemas sociales, y patologizar y penalizar dichas desviaciones de las normas impuestas.

Adoptando como fundamento la perspectiva de la Teoría Histórico-Cultural, consideramos la construcción sociocultural de los significados, entendiendo que los mismos son absolutamente fluidos y objeto de reconstrucción. Nuestro supuesto es que el joven no lo es «por naturaleza». Como individuo social está ahí, con sus características, que se interpretan en las relaciones. Con base en las significaciones sociales, los jóvenes tienen referentes para la construcción de su identidad y los elementos para constituirse subjetivamente.

Recurriendo a las discusiones más actuales, el enfoque del análisis toma un nuevo rumbo y pasa a incluir en el debate la relación de los jóvenes con las otras generaciones. Es decir, la mirada sobre las diferentes etapas de la vida adquiere otra perspectiva al ser percibidas en confrontación unas con otras, en los embates entre jóvenes y viejos, como propone Castro (2006, p. 250) y añade:

Al problematizar los cambios del individuo a lo largo del recorrido biográfico podemos iluminar su dinamismo volviéndose hacia los valores y las formas de actuar que contingencian cada época; hacia cómo se dibujan los embates entre lo que es conocido y legitimado y los eventos que despuntan aún sin traducción y sin inteligibilidad.

Así, también la noción de desarrollo en Psicología puede superar la linealidad del tiempo del crecimiento biológico individual, para enfocar tales cuestiones en el sentido de la «sucesión de generaciones» (Castro, 2006) y del diálogo entre generaciones. Es decir, el desarrollo puede ser estudiado desde la perspectiva de las relaciones, del enfrentamiento de crisis (Vygotsky, 1996), que se presentan en la confrontación alteritaria y constitutiva de la construcción subjetiva; que se realiza en el cotidiano encuentro entre niños, jóvenes, adultos y viejos presentes en todas las culturas, pero diversos y particulares en cada una de ellas. Este diseño se extiende y aporta una mejor comprensión de la importancia de la utilización del término juventudes (en plural) pues, aunque no sea suficiente per se para superar la tendencia homogeneizadora, marca la búsqueda de la comprensión de sus diferentes formas de ser, pensar y actuar, poniendo en cuestión la naturalización de una asociación directa entre las tres categorías: juventud, vulnerabilidad y riesgo, en este texto.

“Es el precio de un almuerzo”: sobre la explotación sexual de niñas y adolescentes en sertón de Pajeú pernambucano – Brasil

Introducción

La explotación de los niños/as y adolescentes por medio del comercio sexual –ENACS – consiste en una relación mercantil y abusiva del cuerpo de los niños/as y adolescentes, promovida por los explotadores sexuales a través de redes complejas de comercio local y global, para lo cual cuentan con la connivencia de los padres o responsables y/o de los consumidores de sexo pago (Souza Neto & Viana, 2015; Morais et al, 2007; Faleiros, 2000; Leal, 1999;). La Organización Internacional del Trabajo – OIT – se refiere a la ENACS como una de las peores formas de trabajo infantil (Cerqueira-Santos et al, 2008) al violar los derechos de los niños/as y adolescentes. Esa violación de derechos es el resultado de la asimetría de poder en las relaciones, que han sido consolidadas por una cultura centrada en las necesidades de los adultos, causando un enorme impacto en la dignidad y el derecho a la ciudadanía de los niños y niñas. El grado de vulnerabilidad al que se ven expuestos algunos niños/as y adolescentes puede ser aún mayor cuando se identifica la presencia de factores múltiples y complejos como, por ejemplo, el género, la raza y la etnia (Gomes, Farias & Franco, 2017; Cegatti, 2017).

En Brasil, el Estatuto del Niño y del Adolescente – ENA – (1990) garantiza prioritariamente los derechos de esta parcela de la población, y establece legalmente las responsabilidades que corresponden a la familia, al Estado y a la sociedad en general. Pero, a pesar de la existencia de este marco jurídico, es posible advertir que el desarrollo saludable de niños/as y adolescentes de todo el país se encuentra en riesgo, debido a la violencia sexual que se encuentra presente en la sociedad.

La Comisión Mixta de Investigaciones Parlamentarias – CMIP (2004), de la Cámara de Diputados del Gobierno Federal, realizó un estudio sobre el tema en el año 2003. Los resultados mostraron que la ENACS era una práctica recurrente en 937 municipios de los 23 estados brasileños investigados. El 31,80% de los municipios se concentraba en la Región Nordeste; 25,70% en la Región Sudeste; 17,30% en la Región Sul; 13,60% en la Región Centro-oeste y 11,60% en la Región Norte. El estudio mostró también que la práctica de la prostitución, la pornografía y el turismo sexual relacionado a los niños/as y adolescentes se encontraba instalada en todas las regiones, registrandose el mayor número de casos en la Región Nordeste.

El Informe realizado por la ECPAT Internacional (2014), sobre el monitoreo de la ENACS en el país, muestra la estratificación de las denuncias sobre violencia sexual contra niños/as y adolescentes registradas a través del Disque 100. Esas informaciones revelan el predominio de los casos de abuso sexual, seguidos por los de explotación sexual, pornografía y tráfico de personas, con mayor incidencia entre las edades de 7 a 14 años. Y si consideramos solo los años 2012 y 2013, fueron registradas 69.621 denuncias de violencia sexual contra niños/as y adolescentes en Brasil, lo cual arroja un promedio de 2.900 acusaciones por mes. Actualmente, a pesar de los esfuerzos realizados para enfrentar y combatir la ENACS, el país registra diariamente un promedio de 87 denuncias de violencia sexual ejercida contra niños/as y adolescentes

Entre los principales factores que parecen impulsar a los padres o responsables a someter a sus hijos/as a situaciones de explotación sexual es posible destacar la desigualdad social, la vulnerabilidad socioeconómica, las limitaciones en el acceso a los bienes y servicios derivados de diferentes políticas públicas, como, por ejemplo, la salud y la educación, así como también las vicisitudes propias de los contextos atravesados por la violencia (ECPAT, 2014; Libório & Castro, 2010; Viana, 2010). Algunas investigaciones revelan que existen profesionales con mayor probabilidad de incurrir en la ENACS debido a sus actividades laborales, actuando como clientes de un mercado clandestino e ilegal (Davidson & Taylor, 1996; In: Cerqueira-Santos, Rezende & Correa, 2010). Entre ellos se destacan los camioneros, que generalmente atraviesan las rutas sin acompañantes. El hecho de encontrarse solos en dichas circunstancias, parece favorecer su demanda por el comercio de prácticas sexuales, en ocasiones con niñas y adolescentes (Cerqueira-Santos & Souza, 2015; Cerqueira-Santos et al, 2008; Koller, 2004).

Otros datos relevantes, divulgados por la UNICEF (2012), muestran que los niños/as son los principales víctimas del tráfico de seres humanos con la finalidad de ejercer la prostitución. Asimismo, divulgan que con mayor frecuencia la explotación sexual de niños y niñas se registra en las proximidades de las rutas, especialmente en las estaciones de servicio. La circulación de numerosas personas por esos lugares parece favorecer la práctica de la ENACS, y muchas veces se da la participación de diversos actores sociales, como, por ejemplo, los propios camioneros, taxistas, comerciantes, propietarios de locales nocturnos y familiares de niños/as y/o adolescentes.

Entre los años de 2013 y 2014 la Childhood Brasil realizó el VI Mapeamiento de Puntos de Vulnerabilidad en las Rutas Federales Brasileñas, registrando 1.969 puntos de riesgo y vulnerabilidad a lo largo de todo el país. La estratificación de esos resultados recayó, nuevamente, en la Región Nordeste ocupando el segundo lugar en el ranking nacional, con 475 puntos críticos, solo 19 menos que la Región Sudeste. A pesar de todo, si se consideran los niveles de riesgo que son clasificados como “crítico”, “alto” y “medio” la región Nordeste muestra resultados mucho mayores. Las estaciones de servicio han sido destacadas como los principales puntos de mayor vulnerabilidad y riesgo para niños/as y adolescentes en todas las regiones del país.

El estado de Pernambuco se distingue como uno de los estados con índices mas elevados de ocurrencias de ENACS, con la presencia de prácticas de prostitución infanto-juvenil en el 38,05% de sus 184 municipios (Souza Neto, 2009). En la actualidad, la ENACS es una práctica común que se registra igualmente en la capital y las demás regiones, especialmente en el Sertón del estado (Rios et al, 2009; Menezes-Santos & Rios, 2009; Souza Neto & Viana, 2011).

El Sertón del Pajeú pernambucano es una microregión formada por 20 municipios, entre los cuales cobra relieve el de Serra Talhada. Esto se debe a su fuerte economía, siendo responsable por el 31,40% del Producto Bruto Interno -PIB- de la región (Tavares Neto et al, 2008). No existen datos oficiales sobre el fenómeno de la ENACS en dicho municipio ni tampoco en la región. Pero el hecho de registrarse un gran flujo de camiones en las estaciones de servicio, y la circulación constante de niñas y adolescentes en las rutas, especialmente en la Ruta 232, resulta una señal de alerta sobre posibles situaciones de vulnerabilidad y de riesgo (Koller, 2004).

En ese sentido, el presente estudio tiene por objetivo identificar el punto de vista de los camioneros, que transitan, pernoctan o se hospedan en Serra Talhada, sobre el fenómeno de la ENACS. De esta forma, buscaremos identificar la percepción sobre dicho fenómeno de los sujetos investigados, reflexionar sobre sus conocimientos acerca de la infancia y de la adolescencia; además de identificar hasta qué punto ellos se reconocen como participantes activos de violencia sexual contra niño/as y adolescentes. Estamos de acuerdo con Morais et al (2007), al afirmar que existe la necesidad de estudiar el segmento poblacional de los camioneros para poder comprender, con mayor profundidad, el alcance de sus pensamientos sobre la ENACS e identificar los factores o motivos que favorecen su enlace con el referido fenómeno.

Violencia sexual contra niños/as y adolescentes

La violencia contra niños/niñas y adolescentes ocurre cuando los padres, responsables legales, parientes, personas próximas – o no – de la familia, o también en el caso de instituciones, ejercen sobre ellos malos tratos, negligencia u omisión de cuidado, pudiendo causar daños físicos, sexuales, morales y/o psicológicos a las víctimas. Si bien es cierto que este tipo de violencia configura el incumplimiento del deber legal de protección que el adulto y la sociedad debe ejercer, también es cierto que se trata de un proceso de cosificación de la infancia, negando a los niños y adolescentes el derecho de ser concebidos y tratados como sujetos en condiciones especiales de desarrollo (Deslandes, Assis & Santos, 2005).

De acuerdo con Nunes y Sales (2016), la violencia es un fenómeno social y representa un problema de salud pública. Lo es aún más, cuando las víctimas son los niños o adolescentes, ya que provoca un impacto en su proceso de desarrollo y en el modo como se comportarán durante la vida adulta. Si bien es cierto que resulta importante identificar los distintos tipos de violencia que se infringe sobre ellos, también es necesario precisar si se identifican diferencias de género en esos casos, puesto que las intervenciones que resulte necesario realizar deberán adecuarse a dichas particularidades. En ese sentido, al evaluar la prevalencia de género de acuerdo con el tipo de violencia perpetrada, hemos identificado que la violencia sexual tiende a ser dirigida con mayor frecuencia a las niñas, y a los niños la violencia física y la negligencia.  

De acuerdo con la OMS (2002) la violencia sexual se identifica como un acto sexual realizado sin el debido consentimiento o cuando se comercializa y/o mantiene contacto sexual con una persona ejerciendo cualquier tipo de coerción. Este tipo de acciones se observan con mayor prevalencia en el sexo femenino y se trata de una de las manifestaciones de violencia de género más crueles y persistentes. Durante mucho tiempo la violencia sexual contra las mujeres fue una práctica habitual, aceptada y justificada por diferentes tipos de sociedades. Por lo tanto, resulta necesario realizar estudios y ampliar nuestra mirada sobre dicho fenómeno, ya que ha sido perpetuado por las diferencias y/o desequilibrios de poder que se establecen entre los hombres y las mujeres.

De acuerdo con Scott (1988, 1995), si nos proponemos explicar el proceso histórico, político y relacional de dominación masculina sobre lo femenino, por el cual las diferencias entre los géneros han sido transformadas en desigualdades resulta fundamental abordar el concepto de género. Para la referida autora, actualmente se han abandonado las discusiones centradas en la naturaleza y se han instalado reflexiones críticas sobre la política de las relaciones, lo cual permite que se desarrolle un proceso de deconstrucción de los estereotipos y que se originen movimientos de lucha que reivindican la igualdad de derechos entre los hombres y las mujeres. De esa forma, cuando analizamos el concepto de género resulta primordial considerar el significado de las relaciones de poder. Para lo cual resulta indispensable redefinirlo y reestructurarlo, articulándolo a un sentido de igualdad política y social que también abarque dimensiones de clase y de raza.

Entre los distintos tipos de violencia, el abuso sexual se revela como una de las formas de mayor crueldad y afecta la dimensión física, moral y la autoestima de las víctimas. El abuso sexual puede ser definido como todo y cualquier acto de seducción o juego sexual practicado entre un adulto y un niño/adolescente, pudiendo haber – o no – contacto físico y uso de la fuerza (Rios et al, 2009; Ungaretti, 2010).  La OMS (1999) evalúa que los malos tratos sexuales son actividades de carácter sexual ejercidas contra niños y/o adolescentes por una persona mayor de edad y que tienen por objetivo la obtención de placer sexual por parte del agresor. Incluye el abuso sensorial que circunscribe la pornografía, el exhibicionismo y el lenguaje sexualizado; los estímulos sexuales entre los que se destacan las caricias y el toque de los genitales, incluyendo la masturbación; y el acto sexual propiamente dicho, caracterizado por la tentativa o realización de la unión carnal (Souza Neto & Viana, 2015).

Ya la explotación sexual, por su naturaleza compleja y multifacética, es configurada como una práctica cruel y criminal, por su capacidad de provocar daños corporales y subjetivos en las victimas. Se trata de un fenómeno mundial que no está asociado con exclusividad a la pobreza y/o a la miseria, pues afecta a todas las clases sociales, pero está ligado directamente con aspectos culturales y con cuestiones de género, edad, raza y condición socioeconómica y cuya práctica, comúnmente, se encuentra aliada a diferentes tipos de redes de explotación (Souza Neto & Viana, 2015; Figueiredo & Bochi, 2010).

Las situaciones de pobreza, al igual que las de violencia intra y extrafamiliar, frecuentemente son señaladas por los investigadores como factores fundamentales asociados al hecho de que millares de niñas y niños estén expuestos a los riesgos de sufrir violencia sexual y otros tipos de violación de derechos (Libório, 2005). Aunque no determinen el ingreso de los niños/as y/o adolescentes a las redes de explotación sexual resulta innegable que dichos motivos representan factores de vulnerabilidad bastante significativos (Figueiredo & Bochi, 2010).

O camina con Dios o baila con el Diablo: iglesias neopentecostales y el dispositivo de la sexualidad

Introducción

En este artículo discutimos cómo las iglesias neopentecostales ejercen prácticas de gobierno de la sexualidad en la vida de sus jóvenes y fieles. Para eso, partimos de un recorte de las trayectorias de dos jóvenes blancos, de sexo masculino, moradores del barrio Guajuviras (Canoas/RS), frecuentadores de las iglesias neopentecostales locales,que participaron del Proyecto de Protección de Jóvenes en Territorio Vulnerable (PROTEJO/Casa de las Juventudes), vinculado al Programa Nacional de Seguridad Pública con Ciudadanía (PRONASCI)1.

El extinto Programa Nacional de Seguridad Pública con Ciudadanía (PRONASCI) tenía por objetivo reducir los altos índices de violencia y criminalidad en las capitales y en las ciudades de regiones metropolitanas brasileñas (BRASIL, 2007). Al articular poder público y sociedad civil, desarrollaba acciones de inteligencia, calificación de las fuerzas policiales y ejecución de proyectos sociales en regiones urbanas identificadas y entendidas como violentas y vulnerables socialmente2. En ese formato el PRONASCI llega en 2009 a Canoas/RS, siendo el barrio Guajuviras el foco de sus acciones, localizado en la región nordeste de la ciudad, con una población de aproximadamente 34 mil habitantes.

A partir del año 2010 una serie de proyectos sociales pasó a integrar la vida cotidiana del barrio, de entre ellos el Núcleo de Justicia Comunitaria Guajuviras, Mujeres de la Paz, Comunicación Ciudadana/Agencia de la Buena Noticia y el Proyecto de Protección de Jóvenes en Territorio Vulnerable (PROTEJO). De acuerdo con la ley n° 11.530/07, el PROTEJO visaba formar e incluir socialmente a jóvenes y adolescentes expuestos a la violencia doméstica o urbana o en situaciones de mendigos en aquellas regiones geográficas donde los Territorios de Paz/PRONASCI actuarían.

En el Territorio de Paz Guajuviras, el PROTEJO fue implementado y desarrollado en el espacio al cual se dio el nombre de Casa de las Juventudes. Durante los años de 2010 y 2011, se desarrollaron, en ese espacio, actividades de sensibilización y educación sobre Derechos Humanos, Inclusión Digital, Música y Teatro. Con un equipo compuesto por más de 30 trabajadores (técnicos y educadores sociales), la Casa de las Juventudes atendió a más de 400 jóvenes, con edades entre 15 y 24 años “(…) egresos del sistema carcelero, que estén en cumplimento de medidas socio-educativas; en situación de mendicidad, expuestos a las violencias domésticas y/o urbana” (Canoas, 2009, p. 2).

A través de la experiencia de educador social en Derechos Humanos, realizando grupos de discusión y acompañamiento de demandas individuales, fue posible indagar sobre la presencia de las iglesias neopentecostales en la vida de algunos de los jóvenes participantes del PROTEJO. A partir de sus hablas y posicionamientos frente a determinadas situaciones de trabajo, se constató cuán intensa era la relación de esos jóvenes con las iglesias neopentecostales establecidas en aquel barrio.

Tanto sus opiniones sobre los temas más cotidianos hasta el diseño de sus proyectos más personales para el futuro, cuando eran discutidos en los grupos de Derechos Humanos, aparecían atravesados por la experiencia de frecuentar tales iglesias. Los elementos que componen esa doctrina religiosa, las normas y conductas morales y los dictámenes en relación a la elaboración de gustos, intereses y deseos, intervenían en algún nivel como organizadores y moduladores de las prácticas y modos de vida de los jóvenes.

Ante eso, este artículo tiene como objetivo dar visibilidad a los modos cómo las iglesias neopentecostales centran su mirada, de forma específica, sobre la sexualidad de los jóvenes. Para tal, tomamos en cuenta los efectos de la presencia de las iglesias en la vida de dos jóvenes, blancos, del sexo masculino, moradores del barrio Guajuviras y participantes del PROTEJO/Casa de las Juventudes y a partir de ahí problematizamos cómo en sus recorridos esas instituciones orientan las cuestiones relativas al ejercicio de la sexualidad. Así, identificamos, a través de la orientación en actividades con esos jóvenes, cómo se establecía un gobierno de la sexualidad en dirección a una heteronormatividad (Costa; Nardi, 2015).

En el camino del bien: el protagonismo juvenil como práctica de gobierno de las políticas públicas y de las iglesias neopentecostales.

Los grupos de Derechos Humanos en el PROTEJO se subdividían en tres espacios: Oficinas Temáticas, Gestión Participativa y Proyecto de Vida. El primero se caracterizaba por ser un espacio de problematizaciones sobre temas tradicionalmente asociados a los Derechos Humanos en cuanto un sistema de garantía de derechos. Así, partiendo de las historias y experiencias individuales y colectivas, se discutía sobre juventud, familia, género y sexualidad, democracia, Estado y sociedad, medio ambiente, violencia urbana y doméstica, tráfico de drogas, escuela, trabajo y empleo, entre otros temas. El segundo espacio se destinaba a reuniones semanales de discusión sobre la gestación y organización de la Casa de las Juventudes, de modo que los jóvenes también participasen de este proceso. El tercero consistía en un espacio para que los jóvenes pudiesen pensar al respecto de sus trayectorias de vida y proyectar perspectivas de futuro.

A partir de esos encuentros un pequeño grupo de jóvenes tomó la iniciativa de crear una especie de agremiación juvenil. Después de la formación de candidaturas, del levantamiento de demandas y propuestas para la Casa de las Juventudes y de la realización de debates con todos los participantes del proyecto, uno de los jóvenes fue elegido presidente. Surgía, así, la Fuerza Joven del PROTEJO.

Ese movimiento de participación de los jóvenes nos remite a la noción de protagonismo juvenil, elemento constitutivo de gran parte de las políticas públicas de juventud desde 2005, en la medida en que opera como una estrategia de producción de un sujeto joven “implicado, por iniciativa propia, en la búsqueda de solución a problemas y que, en función de su implicación, vengan a ser formuladas y construidas acciones relevantes y significativas en el campo social” (Gonzales; Guareschi, 2009, p. 50).

La expresión Fuerza Joven también apareció, cierta mañana, escrita en un panfleto entregado por una señora al educador, cuando este se trasladaba a su trabajo. En el panfleto sobresalía la inscripción Fuerza Joven Universal y tenía por objetivo convidar jóvenes de la ciudad a participar de ese espacio de la Iglesia Universal del Reino de Dios (IURD) destinado a la juventud. Ese brazo de la IURD desarrolla diversas acciones destinadas a su público joven, desde actividades culturales, shows de música góspel, campeonatos deportivos y tincanas hasta proyectos sociales y cursos en asociación con universidades.

Aunque diferente de la Fuerza Joven formulada por los jóvenes del PROTEJO, la Fuerza joven Universal también se aproxima a la noción de protagonismo juvenil cuando asocia a los jóvenes características como autoestima, interés, fuerza de voluntad, coraje y capacidad, colocándolos como agentes fundamentales de las acciones y campañas que realiza.

De la misma forma, esa idea de fuerza formulada por algunas teorías, como elemento latente y propio de la juventud (Coimbra, 2003) también es tomada como posibilidad de resistencia frente a los riesgos, taras y vicios hacia los cuales el mundo moderno supuestamente conduce a nuestros jóvenes, como las drogas, el crimen, la bebida, la pereza y la práctica de relaciones afectivas y sexuales anteriores al matrimonio no heteronormativas. Integrar la Fuerza Joven al mismo tiempo protegería y encaminaría la juventud para proyectos y modos de vida individuales y colectivos, económica, política y socialmente exitosos, seguros y asegurados por los caminos de Dios.

La Fuerza joven Universal (FJU) existe desde la fundación de la Universal y cuenta con millones de jóvenes en todo Brasil. El objetivo es llegar a la juventud que se encuentra perdida en las drogas, en los vicios, en la criminalidad o que sufre con un permanente vacío interior y sin perspectiva de vida. Por eso, como medio de llegar hasta esas personas, el grupo desenvuelve diversas actividades culturales, sociales, deportivas y espirituales (Igreja Universal do Reino de Deus, 2015, traducción nuestra)3.

El propio lema de la Fuerza joven Universal “ser joven es ser visionario”, nos permite cuestionarnos en qué medida el discurso que circula entre los jóvenes de la IURD no está encaminado a emprender elecciones de vida sustentables dentro de un determinado modelo y a largo plazo. El término visionario es una característica atribuida a los jóvenes, en el sentido de que ser joven es mirar hacia adelante. Además, ser joven, desde esa perspectiva, es estar confiado de que el futuro con Dios promete la felicidad y el éxito, por más tortuoso que pueda ser el camino – al final de cuentas, el futuro a Dios pertenece. De ese modo, las elecciones pasadas y presentes deben ser lo suficientemente buenas y, por tanto, hechas de buena fe y deseo verdadero.

Así hicieron también los marineros de Jack Kerouac en el Mar es mi hermano, al abrir sus Biblias y rezar, mientras el navío dejaba el puerto hacia atrás rumbo a la distante Groenlandia. Y así también hacen los hombres de negocios, para los cuales el éxito de sus empresas y contrataciones depende de su voluntad, esfuerzo y empeño, de los cálculos meticulosos y de las buenas proyecciones.

Lo más importante no es determinar si la Fuerza Joven del PROTEJO recibió ese nombre inspirándose en la Fuerza joven Universal, sino problematizar, a la luz de tal asociación, que tanto el modelo de subjetividad del joven protagonista como aquel del homo economicus no comienzan ni terminan en las políticas públicas juveniles o en el sector privado y empresarial, sino que atraviesan y actúan en todos los dominios, en la medida en que remiten a un modo de percibir el mundo y posicionarse desde una racionalidad neoliberal (Guareschi; Lara; Adegas, 2010).

1 – La discusión del presente artículo emerge a partir de la experiencia de trabajo de uno de los autores que trabajó en este proyecto como educador social en Derechos Humanos durante los años 2010-2012
2 – Las regiones objetivo de las acciones del PRONASCI que eran denominadas Territorios de Paz.
3 – O Força Jovem Universal (FJU) existe desde a fundação da Universal e conta com milhões de jovens em todo o Brasil. O objetivo é alcançar a juventude que se encontra perdida nas drogas, nos vícios, na criminalidade ou que sofre com um permanente vazio interior e sem perspectiva de vida. Para isso, como meio de chegar até essas pessoas, o grupo desenvolve diversas atividades culturais, sociais, esportivas e espirituais (Igreja Universal do Reino de Deus, 2015).

Jóvenes y la precarización del trabajo: el caso del cuentapropismo¹ en Cuba²

El presente artículo se deriva de una investigación que tuvo como objetivo comprender cómo los procesos de vulnerabilización relacionados con la actualización del modelo económico cubano afectan a un grupo de jóvenes en desventaja socioeconómica de la Habana, sobretodo su impacto subjetivo en esos jóvenes en cuanto sujetos. Fue realizada una inmersión de 6 meses en una comunidad de la Habana con indicadores de desventaja socioeconómica. En suma, entrevistamos, de forma grupal e individual, a 55 mujeres y hombres, con color de la piel negra, blanca y mestiza, con ingresos medios, bajos o sin ingresos, moradores en la comunidad y en otros barrios en desventaja socioeconómica de la Habana, a través de 48 jornadas de observaciones participantes, 6 entrevistas grupales abiertas, 15 entrevistas individuales semiestructuradas en profundidad y 1 sesión de trabajo grupal. También fueron realizadas tres entrevistas a expertas y dos entrevistas a investigadoras locales, participamos en un taller con jóvenes investigadores cubanos sobre las nuevas formas de gestión económica y su impacto para la juventud, así como analizamos discursos y documentos oficiales.

Las diferentes ocupaciones de los jóvenes entrevistados permitieron tener acceso a la diversidad de la juventud cubana contemporánea: estudiantes universitarios, estudiantes que alternan la actividad de estudio con un empleo en el sector no estatal, jóvenes recién formados trabajando en el sector estatal, estudiantes de la enseñanza media – técnicos principalmente, técnicos empleados en el sector estatal con salarios muy bajos, empleados o subempleados en el sector no estatal de manera inestable, informal, jóvenes vinculados a actividades ilegales, exreclusos ahora desempleados o que permanecen en la ilegalidad.

No establecimos contacto con los jóvenes a través de las escuelas o instituciones educativas y eso determinó que la muestra incluyese a jóvenes totalmente al margen de este tipo de instituciones, lo que, al mismo tiempo, determinó que el discurso de ellos se diferenciara de las narrativas levantadas por otras investigaciones que consultamos, hechas dentro del contexto escolar fundamentalmente.

Emergen problemáticas vinculadas a la juventud con base en experiencias de vida situadas en los nuevos contextos emergentes dentro de la sociedad cubana. Según nuestro parecer, cada vez se torna más importante colocar en perspectiva esa diversidad en las investigaciones sobre juventud en Cuba y romper la histórica junción “joven = estudiante”. La ruptura de esa junción que fija la categoría de joven a la de estudiante puede abrir una brecha para la emergencia de un conjunto de temáticas que antes no fueron asociadas lo suficiente al universo de las cuestiones tratadas en torno a la juventud cubana, tales como pobreza, marginalización, género, raza, desigualdad, acción, política, participación, subjetivación, autonomía, derechos, consumo.

A los fines de la presente publicación centraremos nuestra atención especialmente en el análisis de la problemática del trabajo, en el caso de los jóvenes vinculados al cuentapropismo, en el sector no estatal, uno de los temas sobresalientes de entre los resultados de la investigación, que también abarcó otros temas como transición estudio-trabajo, participación política y futuro-emigración. Queremos destacar que los resultados derivados del presente estudio se refieren, de forma exploratoria, a la experiencia del grupo de jóvenes entrevistados y no pueden ser generalizados a todas las juventudes cubanas ni a todos los jóvenes vinculados a los emprendimientos dentro del sector no estatal.

Un grupo de jóvenes cubanos y sus condiciones de trabajo en el sector no estatal

Uno de los aspectos más mencionados por los jóvenes en cuanto al impacto de la actualización del modelo económico tiene que ver con las nuevas formas de gestión económica impulsadas en Cuba. El cuentapropismo, en especial, sobresalió. Cuentapropismo es un término usado en el contexto cubano para designar aquella actividad de trabajo que no se subordina a la administración del Estado y se corresponde con la iniciativa privada. Las personas que trabajan en ese sector son llamadas trabajadores por cuenta propia. Se trata de un abanico diverso de trabajadores, que incluye tanto a los dueños de los negocios, como restaurantes, cafeterías etc., como a los contratados en esos negocios. Así, los tamaños, monto de las inversiones e ingresos en cada negocio varía mucho. Pueden ser pequeñas cafeterías en lugares periféricos o lujosos restaurantes en lugares privilegiados de la ciudad. Reglas y condiciones de trabajo son acordadas individualmente de modo informal entre empleadores y empleados. Aspectos como salarios, horarios de trabajo etc. – establecidos de acuerdo a leyes y convenios colectivos en el sector estatal – son libremente determinados y establecidos por los dueños de los emprendimientos sin regulación.

En este sector el salario, en general, es más alto que en el sector estatal, explican los jóvenes, y ellos perciben mayores ingresos, alegan mayor independencia económica que sus pares en el sector estatal y sienten una mayor satisfacción en ese sentido. No obstante, más allá del salario, otras cuestiones sobresalen en cuanto a las condiciones del trabajo en el sector no estatal. Por ejemplo, una actividad representativa del cuentapropismo predominante en la comunidad a la cual los jóvenes están vinculados sin regularizar su situación de empleo son los “bicitaxis”3. Varios bicitaxi pertenecen a un mismo dueño4. Un joven con quien hablé dirige todo el día, también de noche, mientras exista demanda del servicio, me cuenta. El joven no tiene vacaciones, no obstante, si tuviese algún problema puede hablar con el dueño y pedir autorización para no trabajar ese día. El trabajo le cansa bastante, según nos cuenta. Entrega diariamente al dueño una cantidad fija de dinero, a veces consigue quedarse con más, a veces con menos, dependiendo de lo que consiga hacer ese día, según la demanda, pero así va “resolviendo”5. No es de la Habana, es de Oriente y vino a la Habana a “luchar”. No está feliz con las condiciones de su empleo, pero fue lo que consiguió y está agradecido, vive con una mujer en casa de ella y nunca falta la comida porque él trabaja. Tiene 22 años.

La mayoría de los bicitaxeros con quienes conversamos eran jóvenes mestizos, casi siempre reunidos cuando no tenían pasajeros, esperando por carreras, sentados en los bicitaxis, conversando. Podríamos preguntarnos si ellos conversarían sobre sus condiciones de trabajo, situaciones que los descontentan y estrategias para negociar con
os dueños mejores condiciones. A partir de la entrevista con este joven verificamos que esos temas no son tratados.

Como identificamos en las entrevistas, se destaca que los jóvenes entrevistados empleados en el sector no estatal no realizan esta actividad de forma legal ni están afiliados al régimen de Seguridad Social que rige ese sector desde septiembre del 2011. En cuanto a trabajar de forma ilegal sin licencia los jóvenes cuentan:

Es conveniente para ambas partes, el dueño no paga por tenerte empleado y tú tampoco pagas a la Oficina Nacional de Administración Tributaria (ONAT) por estar trabajando […] como no era un trabajo estable no tenía mucho sentido afiliarme sin saber cuánto tiempo iba a permanecer ahí […] trabajar sin licencia fue estresante por el miedo a ser multada por la policía, pero no tenía sentido para mi firmar un contrato para realizar una actividad temporal. (Fragmento de la entrevista con Sofía6, estudiante universitaria que trabajó en el sector no estatal sin licencia).

Ya trabajé por contrato y no hace mucha diferencia, los contratos ni siempre se respetan, en verdad es algo más bien formal porque los dueños hacen lo que quieren […] en todos los lugares las reglas del juego no son siempre las mismas. Hay lugares donde se firman contratos, pero no se cumplen y al final el trabajo no se organiza de acuerdo a lo escrito en el papel, mientras hay lugares en que ni existe el contrato (Fragmento de la entrevista con Nina, estudiante universitaria que trabaja como camarera sin licencia y sin autorización de la Universidad).

Prefiero no firmar contrato para no tener que pagar el impuesto a la ONAT. (Fragmento de la entrevista a Roberto, joven contratado en el sector no estatal sin licencia).

En general existe entre ellos desconocimiento sobre el régimen de Seguridad Social y las leyes vigentes para el trabajo en el sector no estatal en que están implicados. La afiliación al régimen de Seguridad Social – proceso diferente a firmar un contrato entre empleador y empleado sin mediación del Estado -, que se materializa en la solicitud de una licencia para trabajar a las autoridades competentes, es obligatoria, así como indispensable para ser protegido en caso de “vejez, incapacidad total, temporal o permanente, muerte de familiar o embarazo”, según lo establecido en el Decreto-Ley 278 del 2011 (Cuba, 2011). En general, la Ley estipula que los trabajadores deben pagar impuestos sobre los ingresos personales bien como por la utilización de fuerza de trabajo, en el caso de los empleadores, a saber, por el número de personas contratadas. El escenario de ilegalidad descubierto en las entrevistas se corresponde con los datos oficiales. Rodríguez (2017) informa que una de las manifestaciones más comunes de evasión fiscal en el sector no estatal se debe a que las personas no se inscriben como contribuyentes siendo contratadas de forma ilegal por propietarios con licencia. En esos casos, ambos, empleador y empleado, son sancionables según la Ley, afirma.

Realmente, el desinterés de los jóvenes entrevistados sobre los derechos garantizados por el Régimen de Seguridad Social es resultado de evaluar beneficios y costos de la afiliación. Podríamos considerar que tanto empleadores como jóvenes empleados se benefician de la evasión fiscal. No obstante, los jóvenes quedan en condiciones vulnerables, sin una mediación legal para negociar sus condiciones de trabajo y trabajan sin un contexto normativo que garantice derechos.

Nada de eso existe –refiriéndose a vacaciones, licencias, etc. (Fragmento de la entrevista a Roberto, joven contratado en el sector no estatal sin licencia)

Todo eso es acordado con el dueño (Fragmento de la entrevista a María, madre soltera sin empleo cuyo último empleo fue en el sector no estatal sin licencia)

El dueño te explica las reglas y si no te gusta te vas. (Fragmento de la entrevista a Javier, actualmente sin empleo que ya trabajó en el sector no estatal sin licencia)

En ese contexto, los jóvenes entrevistados, empleados en negocios más rentables narran ofensas verbales y abusos por parte del personal que administra el negocio o de los dueños – en su mayoría hombres blancos, entre 40 y 50 años, de altos ingresos:

Ellos – los dueños – tienen un estilo de vida caro, casas grandes, ropa cara, buenos carros y viajes […]. En todos los lugares donde ya trabajé fue siempre así – refiriéndose al maltrato verbal – cuando no es al comienzo es al final, siempre te tratan mal, te gritan, te ofenden. Es bastante común en ese tipo de negocios, es como para dejar claro que si tú no haces las cosas de la forma que ellos quieren te vas. Los dueños se sienten con la autoridad de decir cualquier cosa, de ofender porque están molestos por alguna razón o no les gustó cómo haces las cosas. (Fragmento de la entrevista con Nina, estudiante universitaria que trabaja como camarera sin licencia y sin autorización de la Universidad).

Ellos te maltratan y exigen, es verdad que pagan más, pero tal vez ni pagan lo que deberían, solo piensan en ganar y lucrar. (Fragmento de la entrevista a Javier, actualmente sin empleo que ya trabajó en el sector no estatal sin licencia)

El principal criterio en que se basa ese trato irrespetuoso tiene que ver, según interpretan los jóvenes, con la diferencia de estatus socioeconómico. Para ellos es la forma del dueño decir: “este aquí es mi negocio, yo soy quien tiene poder y dinero, tú no eres nadie, tú eres mi empleado”, nos dicen.

Al mismo tiempo, los jóvenes relatan que existen criterios orientando los procesos de contratación en determinados negocios de lujo, como la apariencia física, hablar inglés, ser carismático y con buena presencia, informan:

Ellos te lo dicen explícitamente, o sea, te dicen “estamos buscando muchachas con tales características”, te miran, como tienes el pelo, tu cuerpo, tu apariencia en general. También son muy demandados jóvenes universitarios porque, en general, hablamos otros idiomas, tenemos cierta formación y eso determina que tengamos mejor preparación y forma para atender a clientes extranjeros o de alta renda… en otros negocios solo contratan hombres etc. (Fragmento de la entrevista a Nina).

En algunas ramas del sector, los criterios estéticos y de otro tipo funcionan como elementos discriminatorios en cuanto a los padrones de contratación con base en valores propios de una cultura patriarcal, autoritaria, elitista o racista. El 2 de julio del 2017, el periódico Trabajadores de la prensa estatal cubana denunciaba un caso de discriminación racial. Una joven de piel negra fue agredida verbalmente y expulsada de un taxi particular por el taxista, dueño del taxi, que alegó que no le gustaban “los negros y que en su taxi él no montaba negros” (Perez, 2017). Relacionado con la experiencia de los jóvenes, el acontecimiento revela el desafío que representa la apertura del sector no estatal en materia de los valores que visan regular las relaciones humanas dentro de un proceso que se propone construir el socialismo.

1 – Término usado en el contexto cubano para designar aquella actividad de trabajo que no se subordina a la administración del Estado y se corresponde con la iniciativa privada. Las personas que trabajan en ese sector son llamadas trabajadores por cuenta propia.
2 – La presente investigación fue realizada con el apoyo del Programa de Estudiantes-Convenio de Posgrado (PEC-PG)- CAPES, Brasil.
3 – Taxi que es una bicicleta.
4 – Modo como los jóvenes se refieren a los propietarios de carros, bicitaxis, restaurantes etc., centro del cuentapropismo. Dato muy interesante, porque mientras en la narrativa oficial se usa el término cuentapropistas o trabajador por cuenta propia, para referirse de forma homogénea a todos los vinculados al sector no estatal, en el imaginario social de los jóvenes se expresa una clara distinción entre los propietarios y los que son simplemente empleados. A saber, en la narrativa de los jóvenes se perfilan dos actores sociales con condiciones de vida e intereses bien diferenciados, en función de la propiedad.
5 – Usamos entrecomillado en los casos en que queremos destacar expresiones o palabras propias de los jóvenes, extraídas literalmente de las entrevistas.
6 – Todos los nombres de jóvenes que aparecen en el texto son ficticios.

Moralidad y explotación del trabajo infantil doméstico: las visiones de extrabajadoras infantiles y patronas.

Introducción

El trabajo infantil doméstico (TID), a pesar de ser enfrentado por diversas organizaciones sociales nacionales e internacionales desde hace más de 17 años (Cal, 2016; Vivarta, 2003; OIT, 2006), aún es aceptado por buena parte de la sociedad brasileña como un camino natural para niñas y adolescentes pobres. Es posible encontrar anuncios en periódicos y en redes sociales de internet solicitando niñas para actividades domésticas. Diario del Pará, Belém, 2 de mayo del 2015: Matrimonio evangélico “necesita adoptar una niña de 12 a 18 años que resida, para cuidar de una bebé de 1 año que pueda vivir y estudiar él empresario y ella empresaria también” (SIC). Facebook, São José do Rio Preto, grupo de anuncios, agosto del 2017: “Tengo dos nietos ando medio cansada y mi hija madre de ellos trabaja desde las 2 hasta las 11 de la noche y está buscando una muchachita bien humilde para ayudarme en cambio doy estudio ayuda en todo como si fuese hija” (SIC)1.

A partir de este contexto, nos proponemos, con el presente artículo, revelar y analizar las bases morales que sustentan el trabajo infantil doméstico y se fundamentan en consideraciones sobre lo que sería lo bueno para niñas y adolescentes pobres. De esta propuesta se derivan importantes desafíos teóricos y metodológicos que dan sentido a nuestras preocupaciones: ¿cómo definir lo que sería lo bueno para niñas y adolescentes involucradas en el trabajo infantil doméstico? ¿Cómo escuchar a personas en situación de vulnerabilidad social sobre su propia realidad, de un modo que no se refuerce la opresión? E, incluso, ¿cómo analizar lo que dicen?

No pretendemos responder por completo estas cuestiones en el presente trabajo2. Nuestro recorrido analítico es distinto. A partir de la observación de las conversaciones entre extrabajadoras infantiles domésticas, por un lado, y patronas, por otro lado, pretendemos profundizar en estas cuestiones.

Como horizonte teórico, abordaremos inicialmente las discusiones sobre moralidad, de Charles Taylor (2000; 2005) y sobre la naturalización social de la desigualdad brasileña, tal como ha sido presentada por Jessé de Souza (2009). Partimos de la idea de que existe un trasfondo moral desde donde expresamos nuestras posiciones y respuestas en la interacción con otros sujetos (Taylor, 2005). Ese punto de partida nos permite afirmar que existen consensos que se comparten subjetivamente y se actualizan en la relación entre los individuos (Taylor, 2005; Souza, 2009).

Al analizar, en este estudio, lo que dicen mujeres directamente involucradas con este tipo de trabajo infantil, esperamos poder revelar algunos de los puntos que van entretejiendo las creencias compartidas, para comprender el proceso a través del cual el trabajo infantil doméstico, aun siendo cuestionado por organizaciones sociales, gobiernos y medios, se reproduce diariamente (Cal, 2016).

Centraremos nuestra investigación en el contexto paraense3, donde diversas organizaciones sociales actuaron en el enfrentamiento de esta práctica. Para esto, desarrollaron, entre el 2001 y el 2009, el Programa de Enfrentamiento del Trabajo Infantil Doméstico (Petid), ejecutado por el Centro de Defensa del Niño y del Adolescente (Cedeca-Emaús)4. Entre los objetivos del Petid estaban: sensibilizar a las organizaciones gubernamentales y no gubernamentales, gestoras de políticas públicas, consejeros de derechos y tutelajes y a la comunidad en general con la problemática del trabajo doméstico de niñas y adolescentes e intervenir junto a los medios de comunicación para que actúen en el enfrentamiento del TID (Cedeca-Emaús, 2002).

Notas sobre moralidad, desigualdad y trabajo infantil doméstico.

Partimos de una idea más amplia de moralidad, tal como fue propuesta por Charles Taylor (2005), que abarca no sólo cuestiones sobre el deber, lo correcto y lo justo, sino también respecto al bien vivir y a todo aquello que determina que nuestra vida sea significativa, o, en los términos del autor, “digna de ser vivida”. Según Taylor, nuestras intuiciones morales crean un trasfondo a partir del cual defendemos nuestras respuestas como correctas. En ese sentido, hay patrones morales ampliamente aceptados que no son cuestionados públicamente. Taylor cita, por ejemplo, el imperativo de la preocupación con la vida y el bienestar de todos y la firma de la Declaración Universal de los Derechos Humanos (Taylor, 2005). En estos casos, destaca el autor, es preciso cuestionarse, cómo esas normas son vividas por las personas, cómo se encarnan en sus experiencias.

Fuertemente inspirado en Taylor (2005), Souza (2009) defiende que “existen consensos desarticulados” que actúan en la reproducción de las diferencias sociales y funcionan como ataduras invisibles que orientan nuestro comportamiento y dan cuenta de los roles y de las posibilidades de cada individuo. A partir de esta idea, el autor argumenta que las causas de la desigualdad social en Brasil, normalmente cuestionada sólo desde la arista económica, no se observan fácilmente a simple vista. Una de las razones apuntadas por el autor es que la noción de justicia social está vinculada a la meritocracia, lo que determina que los privilegios sean considerados justos y legítimos (Souza, 2009).

Según Souza (2009), existe una creencia generalizada sobre la igualdad de oportunidades, de modo que los bienes y situación adquirida se consideran un resultado del mérito y del esfuerzo de cada uno. Por consiguiente, la forma naturalizada como se percibe la desigualdad en el país acaba produciendo, por un lado, sujetos que gozan de capitales económicos y/o culturales, y, por otro lado, “individuos sin ningún valor”, abandonados social y políticamente, que constituyen la “plebe” (Souza, 2009). En ese grupo están incluidas las trabajadoras domésticas.

Souza defiende la tesis de que la constitución de una clase social no responde sólo a aspectos económicos, sino, sobre todo, a una herencia familiar y a “valores inmateriales” (aquello que aprendemos en el día a día con los padres y/o tutores y también en la cotidianidad de instituciones como la escuela). Argumenta, además, que hay una dimensión afectiva en la cultura de clase y que el mérito “supuestamente individual” es fruto de condiciones sociales preexistentes. Así, la “plebe” sería una clase social de desposeídos que aprendieron tácitamente que su lugar y sus posibilidades eran distintos a los de sujetos de otras clases. Hay, entonces, un “consenso desarticulado” según el cual es normal la división de la sociedad en “gente y gente inferior”.

Se trata obviamente de un consenso “no admitido”, que ningún brasileño de clase media jamás confesaría compartir, y es eso lo que permite su eficacia como consenso real, que produce cotidianamente la vida social y política brasileña tal como ella es, sin que nadie se sienta responsabilizado por eso (Souza, 2009, p. 422)

Una formulación de esa naturaleza nos permite pensar en una “moralidad de la explotación”, tal como esbozamos en el título de este artículo. Sin embargo, a pesar de que concordemos con la mayor parte de las posiciones de Souza, la tesis que él presenta nos parece en alguna medida asfixiante y limitante en relación con la capacidad de agencia y percepción de los sujetos5. Consideramos válido destacar que entendemos la moralidad como base para la actuación de los sujetos en el mundo (Taylor, 2005; Mattos, 2006) y también como objeto de construcción y transformaciones emprendidas por los propios sujetos. Por lo tanto, las luchas sociales son también un espacio para el desarrollo social y moral, ya que, según Mattos (2006), desvelan prejuicios “encubiertos por un código de buenos modales”. Así como Mattos, consideramos que el aprendizaje moral es posible y necesario, pero no tendrá lugar si las bases morales que sustentan procesos de explotación no son cuestionadas.

Estas nociones nos parecen muy pertinentes para el análisis del caso del trabajo infantil doméstico. Consideramos legítimo afirmar que existe cierto consenso en la sociedad brasileña en torno a que el lugar del niño es en la escuela y que niños y niñas deben jugar en lugar de trabajar. Esa constituye una conquista, en gran parte, de los movimientos sociales en favor de la infancia en las últimas décadas y de la divulgación del Estatuto del niño y del adolescente, ley 8.069/90, que concede prioridad absoluta a niños y adolescentes. No obstante, cuando definimos “cuál” es el niño del que se habla, esa noción tiende a convertirse en un problema, porque las creencias divergen en torno a lo que es “mejor” o “posible” para el niño. Y, por lo general, una de las salidas apuntadas es el trabajo infantil doméstico, a pesar de ser considerado una de las peores formas de trabajo infantil y estar formalmente prohibido en el país para menores de 18 años de edad (Brasil, 2008).

Se hace necesario esclarecer que existen dos situaciones en relación con el TID: a) cuando él se da dentro de la propia casa de la familia del niño y del adolescente trabajador y b) cuando el trabajo se ejerce en la casa de otra familia. Las dos posibilidades, de acuerdo con las organizaciones que luchan por los derechos humanos de los niños, son problemáticas ya que “el trabajo para la familia puede exigirle mucho al niño, obligándolo a trabajar muchas horas e impidiendo que asista a la escuela, limitando el ejercicio pleno de sus derechos (Sabóia, 2000, p. 5). De modo general, existe un esfuerzo de las organizaciones que enfrentan el TID de diferenciar la tarea doméstica, vista como educativa y considerada como colaboración al trabajo doméstico realizado por un adulto, del TID en sí, que se trata de cuando son los niños las únicas personas responsables por los servicios de la casa, situación en que el niño queda encargado de cuidar de los hermanos, lavar, limpiar la casa, por ejemplo, mientras los padres salen a trabajar.

Procedimientos metodológicos

Realizamos cinco grupos focales6, con un promedio de cinco participantes cada uno, para un total de 24 mujeres entrevistadas. Según Barbour y Kitzinger (2001), esas son cifras adecuadas para investigaciones en el área social, porque permiten acceder con mayor profundidad a los puntos de vista de los participantes. Las mujeres escuchadas tenían entre 20 y 59 años y los grupos fueron organizados a partir de la selección de barrios de la ciudad de Belém, capital del Pará, Brasil, con diferentes perfiles socioeconómicos (fueron seleccionados los barrios Umarizal, de nivel alto; Castanheira, nivel medio; y Guamá, Tapanã y Benguí, nivel bajo). Decidimos convidar solo a mujeres, por entender que el TID es considerado, en general, una actividad femenina y que implica a las niñas trabajadoras, a sus madres, quienes generalmente son las que incentivan el trabajo, y a las patronas que las contratan. En esta fase de la investigación, escuchamos a mujeres adultas con experiencias relacionadas al TID como patronas, como trabajadoras infantiles e, incluso, mujeres que fueron trabajadoras domésticas en la infancia y que en la edad adulta se convirtieron en patronas de niñas. Los grupos Castanheira, Umarizal y Guamá fueron conformados exclusivamente por patronas. En los grupos Benguí y Tapanã, participaron extrabajadoras y patronas.

En relación con la presentación y el abordaje de las informaciones obtenidas en los grupos, optamos por establecer las siguientes disposiciones: el nombre de las participantes fue sustituido por seudónimos, escogidos por ellas mismas y, al final de cada fragmento que presentaremos de la discusión, indicaremos el nombre/barrio del grupo, el tipo de público (patronas o mixtos) y la fecha de su realización.

1 – En los dos anuncios se mantuvo la redacción original y por eso aparecen errores gramaticales y de redacción.
2 – Esta discusión se desarrolla en Cal (2016).
3 – Estado de Pará, Brasil.
4 – En colaboración con el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), con la Organización Internacional del Trabajo (OIT), con Save The Children (Reino Unido), así como otras organizaciones gubernamentales y no gubernamentales.
5 – Esta es una cuestión que discutimos en trabajos anteriores (Ver Cal, 2016; Maia; Cal, 2012).
6 – Tal como Morgan (1997), Barbour y Kitzinger (2001) y Marques y Rocha (2006), entendemos que los grupos focales son un espacio de interacción, de conversación informal, donde hay una producción discursiva y no un espacio de evaluación de resultados de sondeos de opinión, como ellos son vistos generalmente por la investigación mercadológica.

La difusión del diagnóstico de trastorno bipolar infantil: controversias y problemas actuales

En las últimas tres décadas, el trastorno bipolar infantil, aunque no sin controversias, se convirtió en tema de discusiones y pasó a ser un diagnóstico ampliamente utilizado. De acuerdo con un estudio realizado por Blader y Carlson (2007), mientras que en 1996 pocos niños eran considerados bipolares en Estados Unidos, en 2004 este trastorno se volvió el más frecuente en la infancia. Seguidamente, una afección, que hasta mediados de los años 80 no era discutida en el ámbito de la psiquiatría infantil, pasó a alcanzar gran popularidad en los últimos años. Esta patología, sin embargo, no ha sido la única cuya expresión ha ganado visibilidad actualmente en el campo de la infancia. El número de niños que pueden clasificarse como portadores de una enfermedad mental se ha duplicado entre 1970 y 1990 según datos de la British Medical Association (Timimi, 2010). Frances (2013), coordinador de la fuerza de trabajo del DSM-IV1, indica que este manual diagnóstico ha provocado al menos tres epidemias no previstas: el trastorno bipolar, el trastorno del déficit de atención e hiperactividad y el autismo. Mientras los dos últimos tienen como objetivo principal la infancia, el trastorno bipolar, aunque no originalmente relacionado a esta franja de edad, se expandió a edades cada vez menores.

Ante este cuadro, el objetivo de esta exposición es investigar la expansión del diagnóstico de trastorno bipolar hacia la infancia, buscando delinear el contexto más amplio, tanto de la infancia, como de la psiquiatría, en que esta patología pasó a ganar visibilidad.

De entrada, es importante especificar la referencia epistémica de este artículo. A diferencia de una perspectiva naturalista – también llamada empirista, objetivista o positivista – que considera lo normal y lo patológico según un fundamento racional valorativamente neutro (Gaudenzi, 2014), nos basamos en la visión normativista sobre lo normal y lo patológico.

Bajo el sesgo naturalista – al defender una anterioridad lógica del hecho sobre el valor – el «descubrimiento» reciente del trastorno bipolar infantil sería entendido como consecuencia de una mayor precisión, un perfeccionamiento en la detección de ciertas patologías. Desde el punto de vista de una perspectiva normativa la discusión en torno al trastorno bipolar infantil nos obliga a articular dos objetos de estudio: la infancia y la psiquiatría. Esto porque, desde esta perspectiva, el contexto epistemológico es indisociable de un contexto más amplio, histórico-cultural.

La referencia epistémica de este escrito es justamente el normativismo, que tiene como precursor a Canguilhem (1995)2. Desde este punto de vista, el auge del trastorno bipolar del humor infantil debe ser examinado en correspondencia con un contexto histórico-social en donde determinados valores designan aquello que se concibe como norma y desvío en la infancia.

Siendo así, este diagnóstico aumentó en el contexto de una determinada manera de hacer psiquiatría infantil y de entenderse la infancia. No se trata sólo de una relación de causa y efecto, sino de una influencia en dos sentidos: mientras la psiquiatría se vincula a cierta noción de infancia, ella también la crea de manera performativa. Empezamos investigando las mutaciones sufridas por la noción de infancia, enfatizando el estatuto que ésta tiene en los días de hoy.

Las diferentes infancias

La infancia, entendida como una entidad separada de lo adulto es, de acuerdo con Ariés (1987), una invención moderna. Como nos apunta el autor, hasta la Edad Media, por ejemplo, no existía el sentimiento de infancia, o sea, no se reconocía la particularidad infantil: las prácticas de infanticidio para control natal, así como de abandono infantil, eran comunes en ese período. Es importante resaltar que la idea de un descubrimiento de la infancia es criticada por algunos autores (Wells, 2011; Elías, 2012). Las críticas están dirigidas principalmente a la valorización excesiva de Ariés en lo que concierne a una «ausencia de la idea de infancia» en la Edad Media. Sin embargo, hay cierta concordancia en que, antes del siglo XVII, la visibilidad e idiosincrasias atribuidas a este período de la vida eran menores. En ese sentido, aunque no es posible asegurar un «descubrimiento de la infancia», se puede hablar de un proceso en que el niño adquiere diferentes papeles en la sociedad.

En la modernidad, el niño alcanza el papel de una entidad que debe ser ilustrada para convertirse en un adulto, hecho correlacionado con el nacimiento de la escuela como medio de educación. Él deja de estar – tanto física como conceptualmente – mezclado a los adultos, siendo llevado a la escuela, que funciona como una especie de cuarentena, para que posteriormente pueda participar del mundo social adulto. De esta forma, el niño se convierte en algo que se debe cultivar y educar y no simplemente modelar a la fuerza. Para usar los términos de Rose (1990), se convierte en un «ciudadano potencial». Se nota que la asociación de la niñez a un estado que debe ser superado para que el niño devenga adulto remite a una lógica que privilegia el desarrollo, lógica que, como veremos más adelante, es importante para la psiquiatría del siglo XX. La infancia, por lo tanto, se ha convertido en objeto de cuidado y mirada atenta, principalmente, en cuanto a las posibilidades de que se produzcan desvíos respecto al desarrollo normal, siendo el papel de la psiquiatría mapear estos desvíos, para tratarlos. Este proceso alcanza su cúspide a partir de la primera mitad del siglo XX, cuando la especificidad de la infancia es estudiada por el psicoanálisis, la psicología, la pedagogía y la psiquiatría.

Ante este cuadro, se configura el escenario que Nadesan (2010) denomina “infancia en riesgo” (p. 3): los niños, sobre todo, de las clases más altas de la sociedad, se convierten en riesgo en el campo educativo, cultural y ambiental, requiriendo cuidado parental y de instituciones apropiadas desde la primera infancia. Con el creciente alarde en torno a la vulnerabilidad de este grupo etario, una serie de profesionales se establece como detentadora de saber sobre los niños.

Este escenario se fue reconfigurando significativamente a lo largo de la segunda mitad del siglo XX y principalmente en el siglo XXI, lo que coincide con una reconfiguración del papel social de la infancia. La generalización de una economía de mercado basada principalmente en el neoliberalismo, de acuerdo con los autores, obligó a repensar la cuestión del riesgo en la infancia. Este nuevo escenario político-económico influenció de manera clara la forma de gobernar la infancia: la política de protección se convirtió en política de derechos. El énfasis recayó en la importancia de reconocer la agencia del niño en la constitución de su mundo social y cultural (Wells, 2011). O sea, el niño, además de ser protegido, también pasa a ser entendido como un actor social de derechos.

También se pudo apreciar esta reconfiguración a través de los estudios sociales en torno al niño. Según Prout y James (1997), la historia de los estudios sociales del niño está marcada por el silencio en relación al niño. Los estudios basados ​​en la teoría de la socialización de Emile Durkheim, que abordaron la infancia sólo como un campo sobre el que los adultos practican una acción de transmisión cultural, dieron lugar a perspectivas de asimilación cultural, o de interacciones sociales con significado. Aunque no haya un acuerdo sobre los destinos de la sociología de la infancia, hay, al menos, un consenso: la «nueva» sociología de la niñez, a groso modo, tiene como objetivo dar voz a la infancia, evitando que esta sea pensada estrictamente en relación a la familia y negativamente en comparación con los adultos.

La nueva matriz teórica de los estudios sociales de la infancia ha ayudado a superar la idea de un modelo naturalista de socialización y ha desencadenado críticas en relación a la noción de desarrollo universal y linear: en vez de concebir al niño como un modelo universal, este pasó a ser pensado como un intérprete competente del mundo social. En la misma dirección, Castro (2013) afirma que la lógica desarrollista, presente tanto en la psiquiatría, como en la sociología de la infancia en el siglo XX, fue desplazada, dando lugar a las nociones de agencia y competencia. Mientras la noción desarrollista buscaba enfatizar la diferencia entre el adulto y el niño, la nueva sociología de la infancia «intenta minimizar la diferencia, para concebir a adultos y niños igualmente competentes en su aquiescencia respecto al sistema.» (Castro, 2013, p. 20). Desde una perspectiva normativista, si pensamos lo normal y patológico como aspectos indisociables de un contexto más amplio, estas reconfiguraciones de la noción de infancia se dan de forma paralela a los cambios en el campo de la psiquiatría infantil. Seguimos, entonces, con una breve incursión en la historia de esta especialidad (o subespecialidad) médica.

1 – DSM es la sigla inglesa usada para designar el Manual Diagnóstico y Estadístico de los trastornos mentales publicado por la American Psychiatry Association (APA) por primera vez en 1952. Sus cinco versiones (la última publicada en el 2013) se convirtieron en una especie de biblia de la psiquiatría.
2 – Canguilhem intentó afirmar la contribución del análisis filosófico en lo que concierne a conceptos médicos principalmente en el ámbito de lo normal y de lo patológico. Décadas después de la publicación del trabajo de Canguilhem, una literatura filosófica, principalmente anglosajona, tomó cuerpo y asumió el desafío de dar continuidad a la problemática concerniente a la definición de los conceptos de salud y enfermedad.

“Somos muchos, somos diversos y aquí estamos cruzando fronteras”. Reflexiones sobre la comprensión de los procesos migratorios juveniles

Según estimaciones de Naciones Unidas para el año 2013, aproximadamente 232 millones de migrantes internacionales recorrían el mundo escapando de la pobreza, las violencias, los conflictos sociales y armados y las precarias condiciones de sus países de origen. Según estos datos, los y las jóvenes entre 15 y 24 años de edad constituían el 10% del total de las personas migrantes (Global Migration Group, 2014). No son pocos, sin embargo, su altisima presencia en los procesos de migración y la gran herogeneidad de sus proyectos migratorios no se recogen del todo en las producciones académicas y políticas, en las que sobre ellos y ellas se piensa y se gobierna. Más bien, las maneras en las que se ha concebido y analizado la juventud en migración, reflejan herencias históricas de un pensamiento positivista y colonialista, que sigue tratando a los jóvenes migrantes como un problema social (que se debe resolver), y pensándolos en el marco de procesos migratorios generales.

En esta línea, son escasas las investigaciones que tienen como centro a los y las jóvenes, que aparecen generalmente representados(as) como un apéndice dentro de una estructura más amplia de los estudios sobre migración (Castañeda Camey, 2009)1. Se perpetua así un enfoque adultocentrista y economicista de las migraciones, que refleja la común concepción sobre ellos y ellas, como sujetos “arrastrados” por los adultos en procesos de reagrupación familiar o “abandonados” en origen por la migración de sus padres o sus madres, invisibilizando los proyectos migratorios autónomos y diversos, que cada vez más, son llevados a cabo por la población joven migrante (Echeverri, 2005, 2010). Como bien lo destaca Cachón (2004), para el caso español, las investigaciones sobre la “juventud inmigrante” están referidas a los hijos de inmigrantes, dejando por fuera de los análisis a los jóvenes que migran solos y que, por el hecho de insertarse dentro del mercado laboral, son equiparados al “mundo adulto”. Es así, como un importante número de los trabajos considera a los jóvenes, por lo general, como “inmigrantes” y, tradicionalmente, los entiende dentro de una estrategia familiar de migración, desconsiderándolos como agentes sociales y actores migratorios en sí mismos (Suárez, 2006).

En esta línea, se han priorizado los análisis de sus procesos de inserción en el terreno escolar, como zona “natural” donde los y las jóvenes se inscriben tras su llegada a los países de destino. Se problematiza su inserción socioeducativa y se focalizan los procesos de asimilación – esto es, qué deben soltar, cambiar o modificar para “adaptarse” y “asimilarse” – y así producir un espacio de “educación intercultural” en las escuelas (Franzé, 2003) que nos garantice que la llegada de los y las jóvenes migrantes deje de ser un “problema” para las sociedades de destino. En el caso español, los primeros estudios de la juventud migrante, se llevaron a cabo especialmente en Madrid y Barcelona, en el contexto de la escuela pública, y teniendo en cuenta los primeros años de escolaridad (Aparicio, 2001). Diez años después, Pedone (2011) afirma que en España se sigue afrontando la problemática de la inmigración y la escuela, con una visión estrechamente vinculada a la inserción de niños, niñas y jóvenes en los ámbitos socioeducativos españoles, con problemáticas de “integración social” propias de las “segundas generaciones”.

A partir de la decada de 1990, la entrada del enfoque transnacional de las migraciones2, evoca la imagen de un movimiento imparable de ida y venida entre países de destino y de origen, con procesos y prácticas económicas, políticas y socioculturales que están vinculados y configurados por las lógicas de más de un Estado-Nación, con un cruce constante de sus fronteras (Suárez, 2007). Así, todo parecía indicar que los análisis de los proyectos migratorios juveniles superarían las categorias rígidas y los escenarios naturalizados en el marco de sus procesos de inserción en las sociedades de destino. Sin embargo, para la población joven siguen prevaleciendo los estudios que se centran específicamente en el país de destino, con un marcado corte eurocentrista, y un nacionalismo metodológico3 que no se logra superar del todo. Prevalece así, una gran influencia del enfoque asimilacionista de las migraciones, afirmandose que el activismo transnacional pierde fuerza entre la población joven (Cohen, 2005; Portes, 2001, 2004; Rumbaut, 2002), de la que se afirma que se “acultura muy rápidamente al nuevo ambiente, dejando de lado las preocupaciones de sus padres sobre las cuestiones de las naciones de origen” (Portes, 2004, p. 6).

Desde finales del siglo XX, otro hito marca la visibilización de los jóvenes latinoamericanos en migración. La significativa presencia de las mujeres en las corrientes migratorias latinoamericanas hacia territorio español, develó dinámicas familiares complejas con cambios estructurales y simbólicos en las relaciones de género y generacionales al interior de las familias (Pedone, 2006; Echeverri, 2015). De acuerdo con los análisis sobre las redes migratorias desde la perspectiva transnacional y con enfoque de género y generacional, la presencia de las mujeres visibilizó la participación de los niños, niñas y jóvenes como actores fundamentales en los procesos migratorios. Sin embargo, esta visibilización de la población joven migrante latinoamericana, no tardó en circunscribirse nuevamente como “un problema social a los dos lados del Atlántico” (Echeverri, 2014). En Colombia, por ejemplo, el discurso se centraba en señalar que la migración de las mujeres provoca la “desintegración familiar” y “disfuncionalidades” (embarazo adolescente, bajo rendimiento escolar y violencia de pandillas juveniles) a las familias migrantes por el “abandono” que las mujeres hacen de sus hijos e hijas. En España, al mismo tiempo, nuestras investigaciones revelaban que los y las jóvenes colombianos(as) migrantes, cargaban la estigmatización del discurso institucional y popular, que afirmaba que su no “integración social” y su participación en las mal llamadas “bandas latinas”, se debía al abandono de sus madres por sus largas jornadas laborales (Echeverri, 2010).

En este marco, que devela la simplificación y generalización de los procesos migratorios juveniles, y la insistencia de discursos que atrapan a los/las jóvenes en categorías analíticas fijas, nuestras investigaciones han mostrado la heterogeneidad de las trayectorias, estrategias y vivencias de estos actores sociales, que como ningún otro en el mundo de las migraciones, nos ha enseñado el arte de saltar fronteras, resistir y abrir caminos. El llamado entonces es a complejizar las miradas, superando la posición simplista y escencialista, economicista y asimilacionista que prevalece en los estudios sobre migración juvenil. A partir de la experiencia con los y las jóvenes en migración, propongo cuatro escenarios que no podemos olvidar, para comprender de manera profunda como están deviniendo sus vidas migratorias.

1 – “Autores destacados en el tema de la juventud en México, concuerdan en que la mayoría de los trabajos sobre migración juvenil sólo abordan la problemática de la población joven rural en las zonas con gran tradición migratoria, y que éstos analizan la mayoría de las veces, la forma en que se han construido de manera general las redes sociales de la migración, la conformación de comunidades “transnacionales” y el envío de remesas (Reguillo, 2004; Martínez, 2000)” (Castañeda Camey, 2009, p. 1462).

2 – El enfoque transnacional, entiende las migraciones «como un proceso dinámico de construcción y reconstrucción de redes sociales que estructuran la movilidad espacial y la vida laboral, social, cultural y política, tanto de la población migrante como de familiares, amigos y comunidades en los países de origen y destino(s)» (Guarnizo, 2006, p. 81), superando el enfoque “asimilacionista” que ha asumido durante décadas que los migrantes llegan a otro país para quedarse y pierden progresivamente los vínculos con su país de origen.

3 – Como lo define Glick Schiller (2009), el nacionalismo metodológico es una tendencia intelectual que: 1) da por hecho que la unidad de estudio y la unidad de análisis vienen definidos por las fronteras nacionales; 2) identifica sociedad con Estado-nación; 3) combina los intereses nacionales con la finalidad y las materias clave de la ciencia social. El nacionalismo metodológico ha desempeñado un papel central en gran parte de la ciencia social occidental, sobre todo en las principales corrientes doctrinales sobre migración y en su forma de explicar la integración, la inclusión y la exclusión.

El ejercicio de la mirada etnográfica: relaciones de género entre infantes

Después de que uno de los infantes se desató y liberó a todos, fuimos a jugar a la momia. En este juego, uno de los infantes está poseído por una especie de muerto vivo que persigue al resto que intenta huir. Cada niño que se mancha, se convierte también en una momia y camina con los brazos hacia adelante, con los ojos hacia arriba. Ellos insistieron en que yo participara del juego, así que jugué dos veces a la momia con los infantes. Ellos se reían mucho y huían de mí más que de cualquier otro niño momia en el juego (Nota de campo, 08/04/2013).

 

Estudiar a los infantes no es una tarea fácil. Estos pequeños seres son ágiles, intensos y siempre logran sorprender a sus investigadores. En un momento los estamos observando y haciendo apuntes en nuestros cuadernos de estudio; en otro, rápidamente ya están cerca nuestro, cuestionando lo que estamos escribiendo en aquella pequeña hoja o invitándonos a participar de sus juegos. Con su imaginación transforman el palo de la escoba en caballo, el mástil de la escuela en cárcel y un simple colchón en una alfombra mágica. La nota de campo arriba demuestra una de las tantas situaciones en las que la fantasía guía a la rutina de los infantes de entre 4 y 5 años de edad.

 

Las últimas investigaciones de la Sociología de la Infancia (Sarmento, 2003; Qvortrup, 2010; Prout, 2010, entre otros) demuestran que los infantes aprovechan los juegos para salir de su espacio y tiempo inmediatos y construir abstracciones genéricas. En este sentido, interactúan entre sí y con el espacio de manera distinta a la de los adultos. Los investigadores de la infancia se refieren a esto como “culturas infantiles” (Sarmento, 2003). Es una manera específica, no mejor o peor, con la cual los infantes interactúan y establecen relaciones con los objetos de la cultura adulta, replanteándolos y produciendo nuevos significados.

 

Así, los infantes son entendidos como un grupo social, diverso y heterogéneo, marcado por la distinción generacional en relación a los adultos. Poseen dispositivos, códigos y significados culturales propios, en constante tensión y/o diálogo con la cultura adulta de la sociedad. Pueden ser estudiados, por lo tanto, a través de los métodos antropológicos que buscan investigar grupos sociales, específicamente la etnografía. A partir de esta premisa, pretendo, en este trabajo, identificar las posibilidades que la mirada antropológica y la metodología etnográfica ofrecen para la investigación de los infantes.

 

En la primera parte del texto, analizo la construcción de la mirada antropológica del investigador que no dispone de tradición formativa en este campo. Pretendo reflexionar sobre las posibilidades que la etnografía construye para comprender la dinámica de las culturas escolares y, principalmente, de las culturas infantiles[1]. Para esto, empleo referentes teóricos de antropólogos y etnógrafos que estudian a las culturas familiares (en oposición a las exóticas) y a la escuela, además de autores de la Sociología de la Infancia que entienden a los infantes en tanto sujetos plenos, dotados de intereses, deseos y vivencias particulares, superando una tradición de invisibilidad que duraba siglos hasta entonces.

 

En la segunda parte, presento algunos registros de una investigación de campo realizada en una institución pública de Educación Infantil del municipio de Niteroi, localizada en un barrio de clase media y alta que, a su vez, está marcado por la presencia de una importante universidad pública. A partir de esto, sigo hacia una breve discusión sobre cómo las cuestiones de género y sexualidad surgen desde la más fresca infancia. Analizo los diálogos de los infantes y, de la misma manera, los posicionamientos de las profesoras cuando entran en contacto con las cuestiones antes mencionadas. Con este artículo, busco acercar teóricamente los campos de la Antropología y de la Educación, y presentar las contribuciones de ambos segmentos para el estudio de la infancia. Aunque sea un abordaje incipiente y no conclusivo, pretendo traer nuevos aires a la investigación etnográfica con los infantes.

 

[1] Dadas las limitaciones de este texto, no es posible discutir las diferenciaciones entre culturas escolares e infantiles. Para este tema, revisar Barbosa (2007).

 

Infancia maya guatemalteca: vulnerabilidad nutricional y políticas públicas para su enfrentamiento

Las problemáticas en materia de seguridad alimentaria han estado vigentes en la historia de la humanidad adquiriendo diferentes matices y expresiones, que van desde la desnutrición predominante hasta la obesidad en ascenso. Dichos desequilibrios nutricionales están inmersos en sociedades donde coexisten la riqueza y la pobreza, donde, por un lado, encontramos una lluvia de información sobre los beneficios de mantener un peso equilibrado y de acceder a una oferta de alimentos con alto contenido energético, mientras, por otro lado, diversas circunstancias socioeconómicas y geográficas comprometen la producción y acceso a los alimentos.

 

Aunque el problema de la seguridad alimentaria es antiguo, no fue hasta después de la Segunda Guerra Mundial que comenzó a ser discutido, siendo el derecho a la alimentación ratificado en 1948 en la Declaración Universal de los Derechos Humanos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). No obstante, la operacionalización de ese derecho no sería explicitada hasta 1966 en el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (PIDESC) (ONU, 1948, 1966).  

 

A fin de determinar obligaciones, fue imperiosa una nueva interpretación de la ONU sobre el derecho a la alimentación, establecido en la Observación General nº. 12, sobre el papel del Estado y las medidas que debe adoptar para garantizarlo (CDESC, 1999).  Posteriormente, fue creada la figura del Relator Especial de las Naciones Unidas sobre el derecho a la alimentación y fueron aprobadas las Directrices Voluntarias, ambas cuestiones se dieron en la búsqueda de garantizar ese derecho (FAO, 2000, 2005).

 

Específicamente para niños y niñas, el derecho a la alimentación, fue enunciado en la Declaración de los Derechos de la Niñez adoptados en 1959 y fue reafirmado en la Declaración Universal de  los Derechos Humanos, en el artículo 10 del PIDESC y en los artículos 23 y 24 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos (ONU, 1966, 1989). A partir de la ratificación de dichos acuerdos, cada uno de los países signatarios, como Guatemala, debe buscar formular políticas y programas coherentes con su realidad.

 

Guatemala es el país más populoso de Centroamérica, está dividido en 22 departamentos, cuya población es mayoritariamente indígena de ascendencia maya, constituyendo cerca del 60 por ciento del total (Becerrill; López, 2011). Los mayas, por su parte, son el grupo indígena más numeroso y diverso de América. Actualmente, se reconocen en Guatemala 22 comunidades lingüísticas distribuidas entre cada uno de los departamentos (IWGIA, 2016).

 

Producto de la discriminación étnica en la vida nacional guatemalteca, la alta concentración de riqueza y tierra han conformado un patrón social altamente excluyente de la población maya, a pesar de ser mayoritaria (Sánchez-Midence; Victorino-Ramírez, 2012). Guatemala, inclusive, se encuentra clasificada entre los países con mayor desigualdad en el mundo, ocupando la posición 119. Cuando se comparan los grupos indígena y no indígena, utilizando el índice de Theil[1], cuyo valor es de 8.5 para este caso, la desigualdad se hace aún más notoria (PNUD, 2016). Dicha desigualdad se expresa en varias esferas, entre ellas, el derecho de alimentarse.

 

Guatemala (1985) en teoría debiera garantizar el derecho a la alimentación, al ser obligación del Estado proveer un desarrollo integral. De ese mandato constitucional, así como de los tratados internacionales adoptados, en el año 2005, se derivó la aprobación de la Política Nacional de Seguridad Alimentaria y Nutricional y la Ley del Sistema de Seguridad Alimentaria y Nutricional, marco de referencia para la implementación y diseño de planes para combatir la inseguridad alimentaria.

 

El foco de este trabajo es describir el estado de seguridad alimentaria de la población, así como las políticas de seguridad alimentaria dirigidas a la población infantil principalmente, considerando que el derecho a la alimentación está garantizado por la legislación guatemalteca.

 

Situación nutricional de la infancia guatemalteca

 

En el año 2015, el número de niños menores de cinco años desnutridos de las regiones en desarrollo del mundo, presentó una disminución importante cuando se compara con los datos de los años 90. América Latina también redujo sus valores, aunque con diferencias intrarregionales, siendo América del Sur la única que alcanzó la meta de menos de 5% de niños desnutridos, que es lo esperado por otras causas (FAO; IFAD; WFP, 2015).

 

Cuando se muestran los avances de América Latina en materia de desnutrición, se invisibilizan, de cierta forma, casos dramáticos. Por ejemplo, según la FAO (2015), en Guatemala,  el 48% de los niños menores de cinco años padecen de desnutrición crónica y el 4.9% de obesidad. Además,  según datos de la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (ENCOVI) (Guatemala, 2015), esos números se agravan cuando el 70.2% de los niños entre 0-9 años vive en situación de pobreza, con el agravante de que la población indígena es 1.7 veces más pobre que la no indígena. Además, el 27.1% de la población maya que vive en pobreza extrema aumentó a 39.8% en el 2014.

 

Asimismo, las diferencias entre comunidades lingüísticas van más allá de la pobreza, por ejemplo, entre niños y niñas cuyo idioma materno es el español existe una prevalencia menor de desnutrición crónica que entre aquellos cuyo idioma materno es el maya. Por ejemplo, las comunidades lingüísticas Chorti (80.7%), Akateco (79.1%) e Ixil (76.9%), localizadas principalmente en el occidente del país, son las más afectadas, presentando una situación de vulnerabilidad, mientras la ciudad de Guatemala, de predominancia ladina, posee un 26.3% de desnutrición crónica (ODHAG, 2011).

 

Para Dilley y Boudreau (2001), la vulnerabilidad se evalúa a partir de la capacidad de respuesta de los grupos o individuos ante la posibilidad de sufrir daños. Consecuentemente, a través de los datos mostrados, puede percibirse que la capacidad de la población maya guatemalteca de enfrentar la inseguridad alimentaria se ve limitada por las condiciones socioeconómicas adversas en que viven. De esta forma, se afecta no solo su capacidad inmediata de adquisición de alimentos, sino también se compromete su capacidad futura.

 

Según Freitas (2003), producto de la subordinación social, el hambre se concentra en aquellas personas condenadas, desde la más tierna edad, a la incertidumbre en torno  a cómo sobrevivir. Consecuentemente, la población maya guatemalteca es la más afectada, al haber sido históricamente atacada y subordinada de las más diversas formas, sea indirectamente, por la falta de políticas públicas incluyentes, o directamente, como en el caso del conflicto armado interno.

 

Por lo tanto, la seguridad alimentaria y nutricional no se corresponde simplemente con la condición de tener o no comida, sino que depende de una serie de factores que hacen de la seguridad alimentaria un fenómeno complejo, multidimensional y continuo, que puede empeorar debido a su relación con las condiciones económicas (Bezerra et al., 2015; Gubert; Santos, 2009).

Por consiguiente, para resolver un fenómeno de tal naturaleza no existe una receta única, sin embargo, se ha apuntado la necesidad de políticas económicas y sociales como un primer paso decisivo en la búsqueda de soluciones; además, también se destaca la necesidad de mecanismos de institucionalización que creen una base sólida para proteger los avances alcanzados y superar obstáculos futuros (FAO, 2015; Kepple, 2014; Valente, 2003).

Con fines operativos es posible dividir las políticas públicas de seguridad alimentaria de acuerdo a sus objetivos, ya sea garantizar el acceso a los alimentos, su disponibilidad, la utilización biológica adecuada de los mismos o la estabilidad alimentaria. Ante la vulnerabilidad infantil de las comunidades mayas a la desnutrición y reconociendo el potencial futuro que representan, se exploran las políticas en esas áreas, así como algunos desafíos.

 

[1] El índice de Theil es utilizado para medir la desigualdad entre grupos o estratos.

Producción sobre adolescencia/juventud en los posgrados en psicología brasileña

Introducción

 

Desde los estudios de Stanley Hall (1904), el tema de la adolescencia ocupa un lugar significativo en el campo de la Psicología, lo que puede observarse en la extensión de su producción. En Brasil, la temática viene ganando cada vez más una mayor visibilidad social, principalmente a partir de la creación del Estatuto del Niño y del Adolescente – ECA (1990), cuando la cuestión de los adolescentes/jóvenes pasó a ocupar un lugar en las agendas públicas. Tal realidad impactó la producción académica, lo que nos motivó a reflexionar sobre la producción existente en el área de la Psicología.

 

De esta manera, desarrollamos una investigación cuyo objetivo fue analizar y sistematizar el uso de las categorías adolescencia y juventud en la producción de estudiantes de Posgrado stricto sensu en Psicología entre los años de 2006-2011[1]. Para tal investigación, realizamos un estado del arte sobre esa producción. Entendiendo por estado del arte, un tipo de estudio que posibilita la sistematización de un determinado campo de conocimiento a partir de un recorte temporal fijo. Este también permite la identificación de temáticas, abordajes dominantes y emergentes, así como de omisiones en la producción (Sposito, 2009). Uno de los puntos importantes de un estado del arte es el señalar los cambios en el campo de conocimiento y las alteraciones en el ámbito de la práctica social.

 

Sposito coordinó dos estudios sobre el Estado del Arte sobre juventud (2002 y 2009). La Psicología solo fue contemplada en el primero de estos estudios, específicamente el área de Psicología de la Educación. De esta forma, la omisión de la Psicología permaneció y no existe un estudio que la abarque en su totalidad, a pesar de existir estudios sobre algunos ejes temáticos.

 

En el presente trabajo, teníamos la intención de analizar las temáticas recurrentes, examinar las referencias teóricas, relevar las metodologías y cotejar las categorías juventud y adolescencia. En función de los límites de este artículo, nos limitaremos a centrarnos en el análisis de las temáticas recurrentes en las tesis/disertaciones encontradas.

 

La elección de trabajar con las tesis/disertaciones[2], se debió a que gran parte de la producción de conocimiento en Brasil, se desarrolla en los Programas de Posgrado stricto sensu. Estos también tienen el objetivo de formación de nuevos investigadores, y por esta vía muchos alumnos son o serán admitidos en las universidades, diseminando el conocimiento. Los alumnos de posgrado a la vez se insertan en los diversos campos de actuación de la Psicología, en los cuales se difunden los conocimientos adquiridos durante su formación, en ocasiones incluso ejerciendo influencia sobre sus prácticas laborales. Estos motivos nos llevaron a trabajar con la producción realizada por estudiantes de Posgrado.

 

Metodología

 

Para relevar las tesis/disertaciones producidas en los Programas de Posgrado stricto sensu en Psicología entre 2006-2011, que trabajaron con temáticas sobre adolescencia/juventud, el primer paso fue buscar los Programas de Posgrado en Psicología en la página de la Asociación Nacional de Posgrado en Psicología – ANPEPP, por ser la mayor asociación que representa a los profesores/investigadores del área, ofreciéndonos facilidades para la obtención de la información. En 2012 había un total de setenta programas asociados.

 

Debido al gran número de Programas, decidimos investigar apenas aquellos que constaban en 2012 con cursos de maestría y doctorado. La elección de estos Programas se debió a la consideración de que, al contar con el curso de doctorado, el Programa ya había alcanzado una madurez inclusive en el ámbito de sus producciones. También fue devido al hecho de que las tesis posibilitan a los estudiantes y docentes, en su función de tutores, una mayor profundización en las temáticas trabajadas. De esta manera, totalizamos 41 Programas de universidades públicas y privadas, distribuidos por todas las regiones brasileras, con excepción del Norte, y con una concentración en el Sudeste.

 

Después de la selección de los Programas, comenzamos la búsqueda por las tesis y disertaciones que tratan y/o trabajan con adolescencia/juventud, defendidas entre 2006-2011. La temática estuvo presente en prácticamente todos los Programas seleccionados. El primer paso fue intentar localizar el material buscando por palabras clave en las páginas web de los Programas, en el banco de tesis del Portal web de la Capes y del Portal web Dominio Público, lo que resultó infructífero, pues a través de este método se localizaban tesis/disertaciones de Programas no seleccionados para esta investigación o se dejaban afuera tesis/disertaciones que se relacionaban con la temática, pero no tenían las palabras clave buscadas. Tampoco era posible investigar por un programa de Posgrado, un área del conocimiento o tutor específicos. De esta forma, optamos por hacer una búsqueda Programa a Programa, leyendo todos los títulos de las tesis/disertaciones para localizar aquellas que trataban del tema investigado.

 

A partir de esta lista inicial, hicimos una búsqueda a través de cada una de las tesis/disertaciones relevadas con el objetivo de conformar, a partir de su resumen, una guía de lectura elaborada para la investigación. Esta guía pretendía sistematizar el abordaje de las categorías adolescencia y/o juventud, considerando la base teórica, o el recorte de análisis, el universo de la investigación, la metodología, y si los adolescentes/jóvenes fueron sujetos directos de la investigación o no. Así, construimos la tabla 1, que muestra el número total de disertaciones/tesis por Programas investigados y el número de aquellas sobre adolescencia/juventud.

 

Tabla 1 – Número de disertaciones/tesis sobre adolescencia/juventud por Programas investigados


Entre tanto, al tener acceso a los resúmenes, retiramos del estudio las tesis/disertaciones que no tenían a adolescentes/jóvenes como sujetos o foco de la investigación, tal es el caso de los trabajos que utilizaron como sujetos de investigación a universitarios o estudiantes de secundaria, que, si bien en principio eran objetos de la investigación debido al grupo etario al que pertenecían, sin embargo, en esencia, concretamente no constituían el objetivo de la investigación. Al finalizar, tuvimos un total de 483 trabajos.

[1]Ese intervalo se debe al inicio de la investigación (2012) y a nuestra intención de abarcar cinco años, tiempo que evaluamos como significativo para la obtención de los datos.
[2]N.T. En Brasil es utilizado el nombre Tesis para hacer referencia a las producciones finales de un doctorado, mientras que las de maestría son llamadas de disertaciones.

Juventudes y políticas públicas: comentarios sobre las concepciones sociológicas de juventud

Introducción

 

La sociología de la juventud ha elaborado, desde mediados del siglo pasado, teorías sobre los jóvenes y las juventudes que muestran importantes visos sobre las complejas relaciones que se han establecido entre ciencia, educación y políticas públicas. Este artículo tiene como objetivo abordar algunas de estas cuestiones, con base en la hipótesis de que la sociología, por un lado, refleja las concepciones de juventud construidas por las sociedades modernas y contemporáneas, y por otro, elabora – con tesis y discursos producidos por especialistas – nociones de juventud en las que se sustentan políticas sociales, con las que se orientan las instituciones e, incluso, con las que se informa el sentido común. También, no se debe olvidar el intenso (y tenso) diálogo de las ciencias sociales con otros campos y saberes, en lo referente a las juventudes, como la psicología, la pedagogía y el servicio social.

 

Esta retroalimentación entre las ciencias y la sociedad, compleja y contradictoria, en permanente vaivén, tiene, en el campo educativo y el campo de las políticas públicas, dos de sus ejemplos más valiosos. En este sentido, con el presente texto busco comparar determinadas concepciones de juventud elaboradas por algunas de las principales tendencias en las políticas sociales y educativas orientadas hacia los jóvenes.

 

  1. Teorías tradicionales de la juventud.

 

La principal teoría tradicional de la juventud es presentada por el estructural-funcionalismo de Parsons, teniendo a los EE.UU. como su gran locus de investigación. Esta vertiente sociológica, que tuvo su apogeo en el siglo pasado, toma las estructuras sociales como un simple dato, sin cuestionarlas, ni imaginar transformaciones significativas en la esencia de la sociedad moderna. De ahí se deriva que la socialización secundaria sea la principal característica o función de la categoría etaria juventud. La socialización secundaria completa la socialización primaria iniciada en la infancia, conducida principalmente por la familia, mas también por la enseñanza básica. Mientras en la juventud se trata de orientar a los individuos hacia los valores y rutinas de las instituciones sociales que transcienden la vida privada y el mundo familiar (Parsons, 1968; Eisentadt, 1976).

 

La juventud, como la infancia, la madurez y la vejez, es, de ese modo, concebida como un grupo etario o una categoría etaria más o menos evidente, natural y universal, casi determinada biopsicologicamente, correspondiéndole al medio social tan sólo el reconocimiento de las propiedades intrínsecas de este momento en el curso de la vida. La principal característica atribuida a la juventud es ser una transición entre la infancia (y el mundo privado y las concepciones pre-lógicas) y la vida adulta (y el mundo público y las concepciones racionalmente legitimadas): la juventud no importa tanto por lo que es en sí, como por lo que será o debería ser cuando sus miembros se tornen adultos. No obstante, es especialmente en la juventud que los individuos corren el riesgo de desarrollar comportamientos anómalos, ingresar en grupos que los desvían y protagonizar disfunciones sociales: no en vano, junto a la socialización, la «delincuencia juvenil» es el gran tema de las teorías tradicionales sobre la juventud.

 

  1. Teorías críticas de la juventud

 

Son tres las principales teorías críticas de la juventud, dos de ellas de carácter «reformista», otra más «revolucionaria». Entre las reformistas se encuentran, la teoría de las generaciones de Karl Mannheim (1982) y la noción de moratoria social, postulada por el psicoanalista Erik Erikson (1987). Mannheim y Erikson, a pesar de reconocer el papel transformador de las juventudes, desconfían de los movimientos juveniles radicales y abogan por una reforma de la sociedad moderna en crisis (en lugar de su superación).

 

La tercera concepción, que Pais (1993) llama de «clasista», tiende a asociarse a la perspectiva «revolucionaria», y su principal sistematización aconteció durante la primera fase de los estudios culturales de la Universidad de Birmingham en torno a la noción de «subculturas juveniles» (Hall; Jefferson, 1982).

 

La «corriente clasista» en el interior de las teorías críticas de la juventud tiene como uno de sus principales méritos desmitificar la noción de una cultura juvenil más allá de las clases, así como de una juventud o generación joven uniforme. Su principal representante son los estudios culturales de Birmingham, antes de que esta tendencia se orientase más hacia las teorías pos-estructuralistas. Los estudios culturales reinterpretan el significado de las subculturas juveniles nacidas en el interior de la clase trabajadora británica, desde los años 1950, como los teddy-boys, skinheads y mods (Hall; Jeffersom, 1982).

 

«Resistencia por medio de rituales» (Hall; Jefferson, 1982) reinterpreta un tema importante de esos tempos, y de nuestros tiempos: el papel educativo, formativo y socializador – de modo «informal» – de los medios de comunicación «de masa» y de la industria cultural. Contra la interpretación simplificadora de que existe un mero proceso de homogeneización, igualando estilos de vida de las clases populares, medias y altas, los estudios culturales valorizan la acción creadora y combinatoria de los sujetos. Es una de las primeras sistematizaciones de la sociología de la juventud en que la diversidad, creatividad y rebeldía de los grupos juveniles no institucionalizados adquiere un significado positivo. En la socialización, en la educación informal, en el interior de los grupos juveniles, reunidos en las calles, frecuentando espacios de ocio y consumo, los jóvenes de los grupos populares (y también los de las clases medias, por medio de las contraculturas) resignifican los valores, productos y signos de la «cultura de masas».

Investigando en las fronteras: cartografía de los circuitos culturales juveniles en Feira de Santana-BA/Brasil

En este artículo presentaremos un estudio sobre los circuitos de consumo y de producción cultural juvenil que se realizan en Feira de Santana-BA, con base en la metodología cartográfica, buscando analizar sus dispositivos de investigación.

 

Partimos de la idea de que las culturas juveniles son la mejor forma de acceder a los sentidos que los jóvenes construyen y utilizan para replantear un mundo cada vez más complejo. Específicamente en la ciudad de Feira de Santana, hemos observado la falta de estudios e investigaciones que comprueben y discutan las representaciones político-culturales juveniles y su papel transformador.

 

Lo que nos motivó a seguir en esta dirección fue la posibilidad de producir conocimiento que contribuya a una mayor visibilidad de las culturas juveniles y sus formas de socialización, en los circuitos no hegemónicos, casi siempre asociados a una producción que proviene de las márgenes o de las clases menos visibles de la ciudad.

 

El área de investigación incluyó los circuitos de producción y de consumo cultural, compuestos por grupos de hip hop, grafiti, poesía y eventos artísticos, cuyas dimensiones formativas, estéticas, éticas y políticas son poco conocidas y son generadas al margen de la cultura hegemónica.

 

La metodología de inspiración cartográfica se apoyó en las fuerzas generadas en equipo con los participantes, favoreciendo el surgimiento de sus visibilidades. Podemos pensar en los limites y en el potencial que investigaciones de esta naturaleza pueden producir en la construcción de redes de colaboración.

 

Reflexiones sobre las culturas juveniles y sus sociabilidades en la contemporaneidad

 

Según Clarke et al. (2006), la cultura es una práctica que realiza y objetiva los estilos y conceptos producidos colectivamente, ofreciendo un mapa de gran importancia para el intercambio, comprensión e interpretación de experiencias únicas, que pueden ser replanteadas en un campo simbólico. El desplazamiento de las formas tradicionales de identificación social, de las relaciones laborales para el consumo cultural, ofrece nuevas bases para la configuración de identidades, tales como construcciones discursivas y reflexivas.

 

La heterogeneidad y las diferentes combinaciones en la apropiación cultural, deshace la idea de identidades fijas y delimitadas en contextos sociales específicos – ya sea por estratos sociales o diferencias geográficas – y reconfigura la relación entre local y global, periférico y hegemónico, consumo y producción. Es necesario que se considere que las prácticas culturales, incluyendo las de consumo, ofrecen sentidos de pertenencia, por medio de los cuales los jóvenes establecen repertorios híbridos, forjando sus identidades (Canclini, 2009).

 

Según Canclini (2003)[1], las grandes transformaciones que han ocurrido en las últimas décadas, trajeron consigo repercusiones en la socialización juvenil. El autor presenta dos cambios y desafíos importantes. El primero, relacionado con las identidades, con la industria cultural, con la creación de empleos etc. El segundo, relacionado con la construcción de espacios de cooperación cultural en el contexto de las nuevas tecnologías y de organismos orientados a estimular la circulación de libros, discos, películas, música etc. La economía mundial en recesión y el desempleo son retos para los individuos y las instituciones. En ese escenario, desde su punto de vista, están presentes las siguientes paradojas: 1) Economía creativa en expansión, representada por la producción y consumo en el campo artístico-cultural y tecnológico; 2) Precariedad social/laboral por la intermitencia y discontinuidad en la inclusión profesional.

 

Los jóvenes al contrario de dejarse subyugar por un determinado orden, pueden ser agentes de sus necesidades y circunstancias (Cruces, 2012). Es así que interpretamos la actuación de algunos jóvenes en sus respectivos colectivos culturales en la ciudad de Feira de Santana, Bahia. La cultura que se produce al margen de los cánones instituidos viene creciendo en los centros y periferias de las ciudades y municipios circunvecinos, demarcando el sentido de inclusión y de búsqueda de reconocimiento. En ese caso, la pertenencia étnica puede ser “instrumentalizada como fuente de referencia simbólica, al asegurar un sentimiento de reconocimiento e identidad” (Horowitz, apud Pais, 2010, p. 166).

 

Canclini (1997) llama la atención para las nuevas cartografías sociales que reorganizan las fuerzas que están en constante tensión y contradicción en la dinámica social. Aunque, sin negar las diferentes formas de apropiación y producción de bienes materiales y simbólicos en sociedades desiguales, el autor observa que las culturas de frontera dan base a las formas de intercambio. Tanto en la fusión de géneros (música, poesía y grafiti, por ejemplo), rompiendo las fronteras geográficas anteriormente rígidas (centro-periferia), como en la apropiación sincrética que cada espectador/consumidor realiza a partir de sus gustos. La oblicuidad o transversalidad con la que los circuitos culturales recortan el espacio urbano, según el autor, nos permite repensar las relaciones entre cultura y poder, sobre todo cuando las fronteras entre lo hegemónico y lo contrahegemonico, lo popular y lo erudito, se disuelven hoy en día.

 

Podemos pensar, además, que los circuitos culturales juveniles, en sus procesos interactivos, establecen “formas de relacionarse con el otro y de ser para el otro” (Simmel, 2006, p. 60), a través de los cuales se busca comprender la apropiación cultural como resistencia y existencia creativa de individuos y grupos, en espacios muchas veces marginales en relación con los centros de poder económico.

 

Desde esa perspectiva, cuestionaremos el sentido de colaboración que posee la investigación cartográfica que se produce por la tensión entre el universo académico y los movimientos sociales que lo superan, buscando instituir espacios de escucha y significación.

 

[1] Conferencia ministrada el día 25/10/2013 en el Teatro del Instituto Social de Bahía, en Salvador, durante el Fórum de Pensamiento Científico.

La propuesta educativa en las comunidades zapatistas: autonomía y rebeldía

Introducción

 

Hace dos décadas iniciaron servicios las escuelas zapatistas en aquellas regiones bajo control social y político del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN)[1], en las cuales el Estado mexicano se desentendió desde entonces de la formación de niños y adolescentes.

 

Sea por el miedo y la tensión que se vivieron en aquella época, o por no convenir a sus intereses personales, un día se marcharon y no volvieron los profesores del nivel de educación básica oficial que atendían los grupos multigrado de las escuelas primarias localizadas en las regiones zapatistas. Tanto los inspectores de zonas escolares como los jefes de sector también desaparecieron de algunas regiones de los municipios en los que el EZLN irrumpió el 1° de enero de 1994, y que para 1996 formaban parte del territorio (neo) zapatista.

 

Debido a la aplicación de una estrategia de aislamiento en el marco de un plan de contra-insurgencia, por la conjunción de éstos y otros factores concurrentes, o por desorganización pura, el caso es que para 1996 el tema del ausentismo de los profesores de las escuelas primarias se constituyó como un problema práctico para los padres de familia de las comunidades, colonias, parajes, aldeas y cantones de la sierra y de la selva, así como en los Altos de Chiapas.

 

Es un problema siempre y cuando se entiende la escuela desde una posición liberal, como lugar de ‘certificación de estudios’ y no de gestión de conocimientos. En la medida en que se da por hecho que la escuela es un lugar de gestión de la movilidad social, se supone que favorezca la superación social y económica, lo cual es cuestionable. Esta idea se da en el marco de un pensamiento colonizado, como es característico de los pueblos sometidos – como el caso de los pueblos indios originarios o indígenas – en los cuales se presume la preponderancia de una civilización hegemónica dominante – en este caso extranjera y de procedencia europea, racialmente diferenciada en los tiempos coloniales, la cual dejó su impronta en la cultura criolla.

 

En este marco de valores, los niños y jóvenes ‘indígenas’, especialmente aquellos de pueblos originarios, en particular tradicionalistas, tienen las menores oportunidades en la estructura socio-económica, en el seno de una sociedad neo-colonial como la mexicana. Sociedad tradicionalmente excluyente y discriminatoria, que establece un patrón de mestizaje en el que los indios, como los afro-descendientes o los mestizos, e incluso los descendientes de los criollos o los extranjeros, tienen una posición pre-determinada culturalmente, que, sin ser definitiva, influye altamente en la generalidad de la población, aun cuando se presenten casos excepcionales de escalamiento social.

 

Para los zapatistas esto no fue un problema, sino que, por lo contrario, representó la oportunidad de formular un proyecto educativo alternativo, emanado de las comunidades: localidades zapatistas, muchas de las cuales no figuran en la cartografía oficial, sino que sus fronteras se diluyen en el territorio adyacente, poblado por militantes oficialistas, por lo general vecinos, parientes y conocidos entre sí, con quienes los zapatistas suelen cruzarse en los caminos o encontrarse en los tianguis comerciales.

 

Tiempo después, los servicios educativos oficiales fueron restablecidos de forma paulatina. Las escuelas cerradas desde 1994 fueron reabriendo puertas a partir de 1999 aproximadamente. En realidad, el ordenamiento constitucional – un eufemismo gubernamental – fue impuesto progresivamente desde 1995, por medio de la puesta en marcha de programas sociales, muchos de los cuales significaron inversión de recursos públicos federales en zonas marginales de la frontera sur del país, carentes de importancia en el esquema del Tratado de Libre Comercio de América del Norte.

 

Esto sucedió simultáneamente a una serie de acontecimientos que van, desde el alzamiento armado del 1°de enero de 1994, hasta la suspensión indefinida de los diálogos por la pacificación con intermediación de la Comisión de Concordia y Pacificación (COCOPA) y, paralelamente, la creación, a mediados de 1994, del centro cultural denominado Aguascalientes, en Guadalupe Tepeyac, que luego de su destrucción por el ejército federal resurgió en cinco puntos geográficos distintos, hasta la consolidación de los actuales Municipios Autónomos Rebeldes Zapatistas (MAREZ) y correspondientes Caracoles[2].

 

El subcomandante Marcos[3] afirmó, en la Sexta Declaración de la Selva Lacandona (2005), que “los jóvenes crecidos en la resistencia, están formados en rebeldía con una formación política, técnica y cultural”, particularmente en aquellas comunidades localizadas en cierta región geográfica de Chiapas, región limítrofe entre las zonas Altos y Selva Norte, caracterizada por su pobreza extrema y condiciones derivadas. Se trata de una zona que en su momento contó con una plena presencia zapatista, a nivel de comunidades de apoyo e incluso de militancia en las fuerzas rebeldes en la mayor parte de las comunidades, y que hoy por hoy es foco de interés para «programas sociales» gubernamentales de corte contra-insurgente.

 

Al Caracol II, Oventik[4], hay que considerarlo en su demarcación zapatista – los siete MAREZ – de entre los 38 MAREZ creados por el EZLN en 1994. Geográficamente el territorio considerado en este caso es el del Caracol II, «Resistencia y rebeldía por la humanidad», localizado en Oventik, la sede del municipio de San Andrés Sacamch’en de los Pobres, una comunidad del municipio oficial de San Andrés Larráinzar, que es, a la vez, sede de la Junta de Buen Gobierno (JBG) “Corazón Céntrico de los Zapatistas delante del Mundo”, a cargo de la dirección de los siete MAREZ mencionados.

 

De manera que hablar del Caracol II, es hacer referencia tanto a los MAREZ enunciados anteriormente, como a su JBG “Corazón Céntrico de los Zapatistas delante del Mundo”. Estas JBG, Juntas de Buen Gobierno, dan voz y representan a las comunidades de apoyo zapatistas que conforman cada uno de los siete MAREZ antes mencionados. Los MAREZ, dada su ubicación dual – una en el imaginario zapatista y otra en el espacio territorial oficial – comparten el territorio con sus coterráneos, con diversos grados de convivencia, pues, mientras unos lo hacen pacíficamente, otros sufren constante acoso y son hostigados por grupos hostiles, que provienen generalmente de la militancia oficialista, sea partidista, religiosa o agrarista.

 

En una ubicación de esta naturaleza no es fácil ni sencillo ser joven, y zapatista mucho menos porque, además, están en contraposición dos visiones del mundo, la visión zapatista de una parte y la mirada hegemónica en contraparte, representada por los vecinos, los aledaños, los próximos, los prójimos, quienes se convierten en los otros. Los jóvenes zapatistas entonces son doblemente hostigados, tanto a nivel cultural y político, como a nivel simbólico.

[1] El día 1° de enero del año 1994 ocurrió el alzamiento armado del autodenominado Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) en diversos puntos de la geografía de Chiapas, la provincia meridional de México en colindancias con Guatemala. Sus demandas fueron presentadas en la 1ª Declaración de la Selva Lacandona: trabajo, tierra, techo, alimentación, salud, educación, independencia, libertad, democracia, justicia y paz. El EZLN se presentó como «fuerza beligerante» en lucha de liberación nacional. En su declaración de guerra exigió deponer al dictador apelando al principio de soberanía popular expreso en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. En esa fecha, 1° de enero de 1994, entró en vigencia el Tratado de Libre Comercio de Norteamérica y, la aparición pública del EZLN a nivel global, a través de los medios masivos de comunicación, constituye un rechazo tajante al neoliberalismo y globalización excluyentes en contra de los pueblos originarios. Su principal exponente fue el emblemático Subcomandante Marcos quien en la estructura militar estuvo bajo las órdenes de la Comandancia General del Comité Clandestino Revolucionario Indígena (CCRI-CG). Los enfrentamientos armados duraron doce días, y el ELZN tomó radiodifusoras para transmitir proclamas antisistémicas. Actualmente el EZLN encabeza un movimiento autonómico, acompañado de la sociedad civil altermundista. Para mayor información se pueden consultar varias fuentes, entre otras, Christlieb, Paulina Fernández. Cronología de cuatro años de levantamiento del EZLN. 1997. Disponible en:

http://www.nodo50.org/pchiapas/chiapas/documentos/cronologia.htm Acceso en: 27 ago 2016.

[2] Se denominan Caracoles a las diferentes regiones en las que se organiza la vida colectiva en las comunidades zapatistas. Comprenden territorios geográficos y espacios de organización política, económica, social y cultural.

[3] El subcomandante insurgente Marcos fue la figura emblemática del EZLN a partir de su aparición pública en San Cristóbal de Las Casas durante el alzamiento armado ocurrido el primero de enero de 1994. Marcos se presentó como el vocero del movimiento insurgente y su personalidad se destacaba entre la tropa y mandos zapatistas por su complexión racial y, sobre todo, su elocuencia verbal y escrita. Marcos dejó de existir – en términos retóricos – el 24 de mayo de 2014, según lo dio a conocer él mismo a través de un comunicado titulado «En la realidad, Planeta Tierra», en el que rechazó, asimismo, ser Rafael Guillén Vicente, el sospechoso al que las autoridades persiguieron por cerca de 20 años por varios delitos, entre otros, sedición, motín, terrorismo, conspiración, uso de armas exclusivas de las fuerzas armadas y provocación de un ilícito, quien no fue capturado a pesar del cerco militar y el operativo de captura, y que tampoco se acogió a la amnistía ofertada por el gobierno federal en 1995. Varios civiles fueron  imputados por semejantes delitos, y de forma no declarada, por sospechas de usurpar la personalidad del subcomandante en algún momento dado, como el caso de Javier Elorriaga, presuntamente alias Comandante Vicente para las autoridades, capturado en 1996. Para mayor información se pueden consultar varias fuentes, entre otras, Ponce de León, Juana (Org.). Subcomandante Marcos. «Nuestra arma es nuestra palabra; escritos selectos». Nueva York: Seven Stories Press, 2001. Disponible en: https://books.google.com.mx/books?id=eootkA_PPUcC&printsec=frontcover&dq=subcomandante+insurgente+marcos&hl=es-419&sa=X&ved=0ahUKEwidy8nCj-LOAhWEqR4KHcZMD-8Q6AEISjAG#v=onepage&q=subcomandante%20insurgente%20marcos&f=false Acceso en: 27 ago 2016; Nájar, Alberto. «El subcomandante Marcos ya no es un perseguido de la justicia en México», en BBC Mundo, Ciudad de México, 24 de febrero de 2016. Disponible en: http://www.bbc.com/mundo/noticias/2016/02/160224_ezln_marcos_mexico_perseguido_justicia_an Acceso en: 27 ago 2016; CNN México. El ‘Subcomandante Marcos’, del EZLN, «deja de existir «, en Expansión, Nacional, 25 de mayo de 2014. Disponible en: http://expansion.mx/nacional/2014/05/25/el-subcomandante-marcos-del-ezln-deja-de-existir Acceso en: 27 ago 2016; y Pacheco, Sergio Islas. “EZLN 1º de enero de 1994”. Disponible en:  https://www.youtube.com/watch?v=kZLav-A_7Tk Acceso en: 27 ago 2016

[4] La región de Oventik, el llamado Caracol II en el mapa zapatista, comprende los Municipios Autónomos Rebeldes Zapatistas (MAREZ) San Andrés Sacamch’en de los Pobres, San Juan de la Libertad, San Pedro Polhó, Santa Catarina, Magdalena de la Paz, 16 de febrero y San Juan Apóstol Cancuc. Es una región que oficialmente se corresponde con zonas de distintos municipios, principalmente del municipio oficial de San Andrés Larráinzar, y también de municipios oficiales aledaños, como Simojovel, Huitiupán, San Pedro Chenalhó, Mitontic, Bochil, e incluso, de otros municipios alejados como Teopisca o San Juan Cancuc en términos de su denominación oficial.

Aprendizajes y sociabilidades juveniles: la experiencia de las Torcidas¹ Jóvenes cariocas

Introducción

 

Innumerables estudios han indagado el fenómeno de la juventud en la sociedad contemporánea, sus prácticas culturales, sus formas de expresión y sus banderas de luchas. Problematizando las fronteras etarias y la idea de que se trata de una fase de la vida marcada por atributos comunes y universales, las investigaciones reafirman el carácter histórico y socialmente heterogéneo de la categoría juventud (Bourdieu, 1983; Pais, 1995). Esta se refiere tanto a los significados atribuidos por una sociedad a ese momento del ciclo de la vida, como al modo como es vivido por los sujetos. Considerar al joven como sujeto social significa decir que tiene una historia, interpreta y actúa en relación al mundo “y en esa acción produce y, al mismo tiempo, es producido en el conjunto de las relaciones sociales en las que se inserta” (Dayrell, 2003, p.43).

 

No obstante, desde el punto de vista del sentido común, la visión difundida en las calles y en los medios de comunicación tiende a asociar al joven a una fase de transición marcada por las crisis, la irresponsabilidad y el desinterés. Para evitar generalizaciones arbitrarias es fundamental observar las trayectorias, recorridos, intereses, perspectivas y aspiraciones de los jóvenes (Pais, 1995). De ese modo, en virtud de las grandes disparidades sociales, lo más apropiado sería que hablásemos de “juventudes” (Novaes, 1997) para enfatizar las diferentes y desiguales experiencias que esta categoría recubre, particularmente si consideráramos las profundas transformaciones vividas por las sociedades occidentales en las últimas décadas (Giddens, 1991). No se puede perder de vista que los jóvenes se diferencian en términos de orientación sexual, gusto musical, pertenencias asociativas, religiosas, políticas, de placer. Tales marcadores de identidad aproximan a jóvenes socialmente distantes en la misma medida en que distancian a jóvenes socialmente próximos, como se observa en lo referido a las torcidas organizadas del fútbol.

 

Considerando, entonces, que hay múltiples modos de ser joven y de vivir la condición juvenil, en este artículo me propongo discutir la experiencia de las Torcidas Jóvenes cariocas. En la primera parte, presento algunas de las características del tipo de sociabilidad juvenil que promueven, situándolas como importantes espacios de pertenencia, promoviendo aprendizajes y la creación de lazos sociales. Por tratarse de asociaciones heterogéneas, que integran a individuos que difieren en edad, instrucción, profesión, visión del mundo, origen social, estas torcidas no pueden ser clasificadas exclusivamente como agrupaciones juveniles. No obstante, diversos estudios demuestran la participación significativa de los jóvenes (Murad, 1996; Teixeira, 2003; Toledo, 1996).

 

Por otro lado, es interesante destacar que los cuatro clubes más importantes cariocas (Botafogo, Flamengo, Fluminense y Vasco da Gama) tienen, por lo menos, una torcida organizada que se autodenomina JOVEN. Estas ganaron visibilidad por la creación de un estilo de torcer que atrae a innumerables jóvenes desde fines de los años 60 y sintetizan de modo ejemplar las principales características de esa experiencia social, así como algunas de las contradicciones vividas por estos gremios en la actualidad. Por todo eso, cuando hablo de “torcida joven” no me refiero tanto a un grupo etario objetivamente definido, sino a un cierto “espíritu”, “estilo de vida”, que para esos torcedores caracterizan la pertenencia y explican cómo se entiende la relación con el club y con la torcida.

 

En la segunda parte, discuto las nuevas fases del asociativismo que se da en las torcidas juveniles, sus acciones de resistencia frente al llamado proceso de mercantilización del fútbol. La legislación represora y la transformación arquitectónica de los estadios para la realización de los megaeventos en el país (Copa del Mundo en 2014 y Olimpíadas en 2016) favorecieron la constitución de redes más amplias de coalición para defender su modo de torcer.

 

En ese sentido, tanto la Federación de las Torcidas Organizadas de Río de Janeiro (2008) así como la Asociación Nacional de las Torcidas Organizadas (2014) vienen implicándose públicamente en la divulgación de los aspectos positivos de estos grupos y en la resolución de los problemas relacionados con los episodios de violencia que envuelven a sus miembros. Además, tienen como objetivo afirmarse como sujetos de derechos y definir una pauta de acciones colectivas para expresar intereses comunes y establecer diálogos con el poder público.

 

1-“Torcida” y “torcer”. “Torcida” se refiere en Brasil a asociaciones formales o informales de simpatizantes o fans de los clubes de fútbol. El término proviene del verbo “torcer”, que en portugués también significa apoyar o mostrar gran simpatía por algo y que en el contexto futbolístico se refiere específicamente a todas las acciones realizadas para apoyar a los clubes durante los partidos, que incluye cantar, vestirse con las camisetas del club y sus jugadores, portar banderas, entre otras acciones. Consideramos que no existen términos equivalentes en español con los cuales expresar el significado particular que ellos poseen en el presente artículo en función de su objeto y del contexto al que se refiere, por tal motivo, creemos conveniente mantener tales términos en portugués especificando aquí su significado.

La dinámica intergeneracional entre jóvenes y adultos mayores en una organización laboral cubana

Introducción

Las relaciones intergeneracionales en el contexto organizacional resultan un punto de convergencia clave de diferentes temáticas sociales: las dinámicas sociodemográficas, los estudios de generaciones y de relaciones intergeneracionales, las investigaciones sobre juventud, y las experiencias de desarrollo organizacional.

Mi acercamiento al estudio de esta temática está motivado fundamentalmente por una experiencia práctica desarrollada en una organización laboral cubana. Con el objetivo de entender mejor lo que allí pasaba y de aprender de esa experiencia, decido sistematizarla, utilizando para ello la propuesta de Oscar Jara (1994). El artículo que a continuación se presenta se estructura siguiendo dicha lógica, que a mi entender constituye una propuesta de investigar de forma diferente, que reconoce el carácter procesual de los fenómenos sociales y la necesidad de estudiar nuestras prácticas, para poder extraer de ellas aprendizajes que nos permitan reflexionar sobre nosotros mismos, nuestros entornos y permitan trazarnos metas de cara al futuro.

Sistematizar una experiencia es interpretarla críticamente, partiendo de su ordenamiento y reconstrucción, descubriendo así la lógica del proceso vivido, los factores que han intervenido en dicho proceso, la relación entre ellos y el porqué de esta relación (Jara, 1994). Finalmente, el último paso dentro de un proceso de sistematización es la elaboración de un producto para comunicar los aprendizajes. Este artículo, aunque sintético, es una manera de confesar qué aprendí.

 

El punto de partida y las preguntas iniciales

Una organizacional laboral, del ámbito de la ciencia, solicita la realización de un estudio de clima laboral a nuestro equipo de investigación. Este estudio exploratorio permitió darnos cuenta de que el tema de las relaciones entre generaciones era uno de los principales asuntos conflictivos y generadores de malestar para los/as trabajadores/as y directivos/as, fundamentalmente entre las generaciones extremas: los adultos mayores y los jóvenes.

La problemática de las relaciones intergeneracionales encontrada en esta organización en específico es una expresión a pequeña escala de fenómenos sociales que atañen a un contexto más amplio. La tendencia en Cuba al envejecimiento poblacional hace posible que diversas generaciones convivan frecuentemente en un mismo espacio social, ya sea la familia, la comunidad o cualquier otra institución de la sociedad. De esta manera, el estudio de esta temática deviene en una necesidad social, ya que tienden a existir polaridades entre el posicionamiento tradicional de los adultos mayores y las necesidades de participación e innovación de las generaciones más jóvenes (D Angelo et al., 2009).

Esta sistematización constituye una puerta de entrada a la profundización en el estudio de esta temática en la sociedad cubana, en tanto tiene el objetivo de promover una reflexión crítica sobre el tema y construir acciones posibles de ser puestas en práctica en esta organización, a partir de las propias vivencias de los/as trabajadores/as sobre su entorno laboral. Teniendo en cuenta dicho objetivo delimito el objeto a sistematizar como “las experiencias de trabajo en una organización laboral cubana del ámbito de la ciencia en la que se realizó un estudio de clima laboral”. De esta manera el eje principal a sistematizar es las características de las relaciones intergeneracionales en este contexto organizacional, fundamentalmente entre las generaciones extremas: adultos mayores y jóvenes. Este será el hilo conductor sobre el cual centraré la atención.

 

Recuperación del proceso vivido: un caso de estudio de las relaciones intergeneracionales en el contexto organizacional cubano

La experiencia a describir tuvo lugar en una organización laboral cubana situada en La Habana que se dedica al desarrollo de la actividad científica y a la realización de servicios técnicos. La dirección de esta organización solicita un estudio de clima laboral debido a preocupaciones por la fluctuación de su personal, especialmente los/as jóvenes.

Se aplicaron diferentes técnicas y métodos, cuya información permite triangular y complementar los resultados. Fueron aplicadas en el siguiente orden:

1. Análisis documental: se analizaron documentos específicos de la organización con el objetivo de obtener información acerca de su misión, visión, valores declarados, objetivos organizacionales, estructura y funciones, completamiento y características socio-demográficas de la fuerza laboral, entre otros aspectos.

2. Cuestionario de clima laboral: se utilizó una encuesta con preguntas cerradas, con calificación a escala que muestra una tendencia del clima organizacional, y semiestructuradas, que permiten explorar el saber y el sentir de los miembros sobre la organización, desde una interpretación más cualitativa.

3. Entrevistas a profundidad: se tuvo en cuenta una diversidad de áreas, edades, nivel profesional y género. Permiten indagar en la percepción de directivos/as y trabajadores/as acerca de las diferentes variables relevantes para el diagnóstico, con el objetivo de ampliar, complementar y profundizar la información obtenida en la encuesta.

4. Sesión de trabajo grupal con miembros de la Organización: para confirmar y ampliar resultados obtenidos y crear posibles estrategias de mejoramiento o soluciones. Finalmente, los resultados fueron expuestos y analizados en una sesión de devolución con el Consejo de Dirección del centro.

Los resultados evidencian una coincidencia en cuanto a la percepción de los grupos generacionales que conviven en esa organización. Se identificaron tres grupos: las personas que tienen entre 18 y 35 años, entre 36 y 59 años y más de 60 años1. Los grupos más representativos de las relaciones intergeneracionales resultaron ser los grupos extremos (de 18 a 35 años y más de 60 años). Las personas identifican fácilmente la pertenencia a uno de estos grupos y las características asociadas a cada uno de ellos.

Relativo a las relaciones intergeneracionales en este contexto laboral, ordenaré la información teniendo en cuenta los siguientes aspectos: la percepción de los grupos generacionales sobre sí mismos y sobre los otros, la identificación de temáticas de conflicto intergeneracional y la identificación de otros elementos a tener en cuenta para comprender esta temática en el contexto de trabajo.

1 Es importante destacar que estos grupos de edades responden a la percepción de las/os trabajadores de esa organización y no necesariamente corresponden con los grupos de generaciones descritos para el contexto cubano en los estudios de M. I. Domínguez (1994). Las personas de entre 18 y 35 años son, como grupo, generaciones jóvenes y las personas que tienen más de 60 años pertenecerían a las generaciones mayores, por lo cual estudiar las relaciones entre ambos grupos nos permite hablar de relaciones intergeneracionales, pero no todas las personas que tienen más de 60 años pertenecen exactamente a un mismo grupo generacional.

 

Madre Social: la construcción de un paradigma de cuidado maternal en los centros de acogida institucional

Este artículo pretende discutir el trabajo de las madres sociales, profesionales que actúan como cuidadoras en los centros de acogida y que deben proporcionar un ambiente familiar para niñas, niños y adolescentes. El nombre de madre social, que mezcla maternidad y sus sentidos privados a una dimensión pública, junto con el hecho de que ellas reciben salarios para ejercer cuidados maternales, indica una hibridez en su función. Si, por un lado, la expresión evoca, en primer plano, a la figura de la madre, de la familia, la segunda la coloca fuera, en cierto sentido, de la esfera doméstica. Es madre, pero de mucha gente, de personas de diferentes orígenes, sin lazos previos. Además, cumple una función que es social, la de cuidar y proteger a aquellos que se encuentran en una situación especial por su condición.

La idea de hacer una investigación sobre el tema de la madre social se inició en el 2007, cuando comenzamos una colaboración entre el equipo de estancia al que pertenecía, Psicoterapia de Pareja y Familia, y la Psicología Comunitaria, ambas vinculadas al Servicio de Psicología Aplicada (SPA) de la Universidad Veiga de Almeida, para actuar dentro del Proyecto Alumno Residente, en un CIEP1 en la ciudad de Rio de Janeiro. Dentro del espacio de esos CIEPs había centros de acogida con una madre social.

Antes de entrar en contacto con la madre social de esa residencia, esperaba encontrarme con otro tipo de realidad. De hecho, imaginaba su figura como una mujer sin vínculos familiares y que permanecía todo el tiempo dentro del CIEP, con otras obligaciones además de esa de cuidadora de niñas, niños y adolescentes; pensé que solamente sería una persona con una mayor preocupación con esos jóvenes, no alguien que estuviera en el lugar de su madre.

No obstante, para mi extrañeza, me encontré con una mujer que hacía de aquella residencia, además de un lugar de trabajo, su propio hogar, ya que había perdido el suyo en una gran inundación, y llevó consigo marido, hijos y hasta un nieto. Así, ella era una persona que se quedaba en la casa más tiempo de lo que yo imaginaba, cocinando, limpiando y ejerciendo otras tareas domésticas – la encarnación de un estereotipo de maternidad, distinto, incluso, del más tradicional visto en lo cotidiano. Cada espacio de la casa parecía estar marcado no solo con las historias de los niños y las niñas, sino también con su propia historia2.

Esas características de las casas de las madres sociales tenían el objetivo de hacer que los jóvenes se sintieran en casa. Esos hogares, llamados casa-hogar por las Aldeas SOS3 y residencia por el PAR (Proyecto Alumno Residente), eran diseñados basándose en características de casas de clases medias, con el objetivo de reforzar todavía más la idea de familia, y ofrecer un espacio diferenciado para las niñas, niños y adolescentes acogidos. Así, en esas casas encontramos salas arregladas con sofás, mesas, y hasta portarretratos, marcando momentos y recuerdos presentes en ese lugar; la cocina, con sus armarios, refrigeradores y la mesa donde todos comen juntos; los cuartos, uno para los niños y otro para las niñas, marcados por características consideradas en el sentido común como correspondientes a cada sexo: el azul en carritos para los niños, y el rosa en animalitos de peluche para las niñas. También encontramos perros que transitan por la institución, adoptados por algunas de las madres sociales y que también reciben cuidados de los niños y los adolescentes.

Esos encuentros, que nos produjeron diversas inquietudes, tuvieron como productos la construcción de una tesis de licenciatura de psicología y la elaboración de la tesis de maestría de una de las autoras. Con eso, como parte de esas investigaciones producidas, este trabajo pretende observar las tensiones que la figura de la madre social genera, por el hecho de integrar protección y control, bajo supervisión del Estado, reflexionando en qué medida dicho ejercicio facilita la garantía de derechos de niñas, niños y adolescentes en centros de acogida. Para esto, primero vamos a contextualizar la creación de esa profesión, y posteriormente vamos a poner en análisis las tensiones que permean el control y la protección que atraviesan la vida de niñas, niños y adolescentes institucionalizados.

1 Centro Integral de Educación Pública
2 En el 2010, la ley nº 12.010, del 3 de agosto del 2009, trae algunas alteraciones bastante considerables sobre los cuidados con la infancia, dando fin legal a las madres sociales. Sin embargo, la investigación realizada ocurrió exactamente en el momento de esa transición, de inicio de aplicación de los nuevos principios legales; de hecho, la mayor parte del campo se dio antes de la implementación de la ley, por eso todavía fue posible trabajar con las madres sociales, figuras que poco a poco van dejando de existir, a pesar de la resistencia de las instituciones que insisten en este formato, ya sin cobertura legal.
3 Ongs internacionales que acogen niñas, niños y adolescentes entre 0 y 18 años, las Aldeas SOS eran la institución más conocida por trabajar con madres sociales.