Conflictos y diferencias generacionales en el uso de las tecnologías digitales

La principal fuente de dificultad de los adultos de más de 40 años no es sólo, ni principalmente con la computadora, la cual finalmente consiguen dominar, al menos para sus necesidades laborales e intereses sociales, sino las diferencias que observan en su relación con las tecnologías digitales de información y comunicación (TIC) respecto a la que tienen los jóvenes y adolescentes, lo cual muchas veces les provoca enojo y sentimientos de inferioridad. Los adultos necesitan narrar y explicar su experiencia de incorporación y domesticación de la computadora estableciendo un antes y un después en su biografía; los jóvenes actúan prescindiendo de toda referencia temporal y biográfica en el manejo de la tecnología, salvo la que marca el paso de un modelo a otro.

Los adultos necesitan ser comprendidos, apoyados y auxiliados personalmente en sus dificultades con el software; los jóvenes las resuelven solos o consultando a un amigo en la red social. Los adultos necesitan separar, controlar y administrar los tiempos y los espacios (al menos imaginariamente) online de los offline; los jóvenes viven en la práctica del presente continuo, el espacio deslocalizado y la simultaneidad de operaciones y ventanas. Los adultos necesitan traducción del lenguaje icónico y a menudo demandan unas instrucciones escritas que vayan indicando lo que se debe hacer desde el “principio hasta el final”, de “arriba hacia abajo” y de “derecha a izquierda”, mientras los jóvenes manejan el lenguaje original, lo cual le permite moverse vertiginosamente entre los múltiples pliegues del hipertexto, abriendo y cerrando simultáneamente ventanas. Los adultos sienten culpa y temor de perder privacidad y calidad de vida al estar todo el tiempo conectados, los jóvenes sienten que ganan autonomía y mejoran su calidad de vida cuando dominan las herramientas que le permiten ampliar sus recursos, redes y contactos horizontales. Los adultos tienen miedo de equivocarse, de echar a perder el trabajo, de ser víctima de un virus o de un intruso; los jóvenes no tienen cuenta de banco, y aunque a menudo sufren más las consecuencias de virus e intrusos, las enfrentan, con “espíritu deportivo”. No conozco a un solo joven que ante la pérdida de un archivo o la invasión de un virus, se ponga a llorar desconsoladamente con rabia e impotencia como me he visto a mi misma hacerlo en varias oportunidades. Por una parte tienen más recursos para solucionarlos, y, por otra, asumen el riesgo como una condición natural de vivir y moverse en la Red. En síntesis: mientras los adultos invierten muchas energías en controlar la incertidumbre, y minimizar los riesgos, los jóvenes las invierten en ampliar sus horizontes y trascender sus circunstancias con una apertura total a la novedad y a la contingencia digital.

Los adultos intentan “domesticar” la tecnología y los jóvenes se acoplan con ellas

Los adultos tienen una fuerte necesidad de control de su entorno más inmediato como una forma de contrarrestar la incertidumbre y la inseguridad en el ámbito laboral y en el espacio público. Respecto a las TICs, esta necesidad se expresa subjetivamente en un esfuerzo de domesticación en un doble sentido: domesticar a la “máquina salvaje” para que resulte algo sencillo de manejar, y también domesticarla para que se vuelva parte del hogar y se incorpore en las rutinas familiares y domésticas sin que éstas sufran alteraciones esenciales. Los jóvenes no se pelean con las TICs, las domestican, pero en un sentido totalmente distinto a los adultos. Se acoplan naturalmente con ellas porque no sólo son instrumentos para comunicarse sino que constituyen un pilar fundamental en la naturaleza de sus vínculos sociales. Tienen un sentido vital y también lúdico y su uso implica la construcción de una red de pertenencia, un espacio de sociabilidad y un lugar de socialización. De ahí que no tengan necesidad de fragmentar, distinguir o separar el tiempo de uso del tiempo del no uso (Winocur,2009), y mucho menos elaborar un discurso acerca de sus dificultades con un programa o una nueva aplicación.

Los adultos esgrimen un discurso de adhesión o de rechazo a las nuevas tecnologías que los jóvenes no tienen ni necesitan. Es como si los mayores hablando de sus temores y recelos, pudieran controlar la inseguridad que les provoca su falta de dominio práctico y simbólico de la computadora y de la Red.

Rosalía Winocur rosaliawinocur@yahoo.com.mx

Rosalía Winocur es profesora e investigadora en el Departamento de Educación y Comunicación de la Universidad Autónoma Metropolitana de México. Es antropóloga, especializada en los usos cotidianos de las tecnologías de información y comunicación en sectores de diversa pertencia socio cultural. Su último libro, Robinson Crusoe ya tiene celular, fue publicado por Siglo XXI México.