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Infancia Mapuche: perspectivas del sufrimiento psíquico ante la violencia estructural del neoliberalismo en Chile

El texto analiza el fenómeno de la violencia de la sociedad neoliberal y sus efectos en la infancia Mapuche, particularmente en los procesos de transmisión intergeneracional y de identificación que devienen en la constitución de psiquismo.

Para introducirnos en el territorio de lo infantil en la cultura Mapuche, es necesario adentrarnos en ciertos aspectos de su historia y su construcción simbólica. En el presente ensayo el término infancia será desarrollado desde dos dimensiones; por una parte se utilizará para hablar del niño o niña propiamente tal, y por otra, será utilizado para referirnos a los primeros tiempos lógicos de constitución del psiquismo, donde operan principalmente los fenómenos de identificación.

Por Mapuche, entenderemos a aquellos sujetos que racialmente pertenecen a dicho pueblo originario pero que preservan su tradición y cultura ancestral, sosteniendo el modelo de vida tradicional en las comunidades del sur de Chile, entre las regiones del Biobío y de Los Lagos, con particular preponderancia en la región de la Araucanía.

Por violencia no sólo entenderemos la violencia física directa, sino también formas más sutiles que imponen relaciones de dominación y explotación, como es el caso de la violencia ideológica asociada a racismo, odio y discriminación y del mismo modo, la violencia simbólica asociada al intento de la sociedad por invisibilizar lo que ocurre en nuestras narices, prueba de ello es la escasísima literatura referida a la infancia Mapuche y su padecer en la sociedad chilena actual, más allá de los enfrentamientos diarios con la fuerza policial desde hace años, lo que es muy importante pero no agota en nada el tema en cuestión.

Para definir violencia es posible dar cuenta del planteamiento de Zizek (2013), que establece una distinción entre violencia y agresión planteando que se trata de “una distinción terminológica entre la agresión, que pertenece efectivamente a la fuerza vital, y la violencia, que es una fuerza mortal: violencia no es aquí la agresión como tal, sino su exceso que perturba el curso normal de las cosas deseando siempre más y más” (p. 81). En referencia al planteamiento de Zizek, podemos considerar que la palabra exceso, que perturba el curso normal de las cosas, alude a la violencia con que el sistema neoliberal se apropia y explota sin medir consecuencias. En la actualidad, la forma más patente que adopta la violencia, en el plano social, es la convergencia del discurso del capital con el propósito de establecer el absolutismo de un modelo definitivo de verdad, y que es la transformación de todo objeto en mercancía y la transformación del sujeto en consumidor.

Toda la historia de colonización de Chile trata de un pueblo extranjero que sojuzga al pueblo originario, usurpa su territorio por la fuerza y destruye su cultura para imponer la propia. En los últimos 50 años no ha sido muy diferente, si bien no se ha tratado del genocidio de antaño, el discurso contemporáneo al igual que en toda sociedad neoliberal, sólo admite la diferencia en la medida que no comprometa ni enfrente los intereses del mercado en una época en que el discurso neoliberal encuentra cada vez menos obstáculos para convertir toda subjetividad en mercancía.

Sin embargo, en la actualidad hemos visto intensificada la violencia explícita ejercida por la fuerza policial de Chile. La violencia toma residencia en la vida cotidiana de niños Mapuche en la región del Biobío y Araucanía. Niños muy pequeños asisten a jardines infantiles y escuelas donde son sometidos a protocolos de allanamiento constantemente, donde se lanzan gases lacrimógenos, deben ser encerrados en salas acompañados por una o dos profesoras que intentan contener el terror de los niños. Esta información circula a través de medios de comunicación alternativos, que difunden video, audio y fotografías donde podemos ver con mucha frecuencia imágenes de niños con perdigones enterrados en distintas partes de su cuerpo, niños en audiencias judiciales esposados de pies y manos, de un niño tendido en el suelo boca abajo y un carabinero disparándole 80 perdigones en su espalda, de niñas y niños que en un supuesto control de identidad son obligados a desnudarse. La lista de abusos y violaciones a los derechos de los niños es interminable y avanza día a día, la violencia tiene forma de perdigones entrando en la piel y de palabras que tocan y marcan la historia de un niño y pareciera ser que los medios de comunicación masivos, así como también el discurso social predominante tiende a desmentir tal realidad, pretendiendo silenciar estos hechos.

Pero, qué sostiene dicha violencia ejercida hacia el pueblo Mapuche? Podemos responder que los asentamientos Mapuche se encuentran en medio de tierras altamente cotizadas para el negocio forestal nacional e internacional, pero esta respuesta no da cuenta de un conflicto mayor de orden cultural, pues el discurso neoliberal parece pretender sostener, en el poder económico y tecnológico, una suerte de sobreposición a la fragilidad de nuestra existencia, en tanto nos ofrece una convicción imaginaria de romper con los límites del principio de realidad a través de la facilidad e instantaneidad con que se obtienen placeres, totalmente cosificados y mercantilizados. El modelo económico capitalista ha logrado capturar en su beneficio los mecanismos de la subjetividad, esto es, que el deseo no se contenta jamás con su objeto. Esa condición de subjetivación sostiene y justifica la voracidad sin límites del mercado, lo que sustenta y alimenta toda violencia contra aquello que obstaculice los intereses del mercado.

José Ignacio Schilling Richaud joseignacio.schilling@gmail.com

Mestre em Psicologia Clínica por la Universidad Adolfo Ibáñez (UAI), Chile. Psicoanalista en formación por la Sociedad Chilena de Psicoanálisis (ICHPA). Director Clínico e socio fundador en Aperturas Clínicas - centro de investigación y tratamiento de la infancia con problemas.